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Airbnb es como un cajero mágico que te paga por tomar vacaciones

El destino número uno del sitio de uso compartido de viviendas es París, donde se le acusa de elevar los alquileres y los precios de las viviendas.

Descanso

Negocios Por: Portafolio

“Airbnb nos cambió la vida”, dice Julien Karyofyllidis. El empresario vive con su esposa y sus tres hijos en el Marais, uno de los barrios más pintorescos de París. Ha dedicado los últimos años a lanzar su compañía. Mientras esperaba el dinero, alquilar su apartamento en Airbnb le permitió hacer todo lo demás.

Cuando aparece el primer pago de Airbnb en tu cuenta, dice, todo cambia. “Mira, es un cajero automático. Es mágico. ¡Te pagan por tomar vacaciones!” Ganó €18.000 el año pasado (alrededor de €250 por noche) de la plataforma.

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Algunos de sus amigos están celosos. Otros se han convertido también en anfitriones de Airbnb. “De repente te das cuenta de que tienen cierta flexibilidad financiera; ves que están más relajados. Airbnb ha salvado a varias personas”, dice.

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Pero también hay personas que han sido perjudicadas. Airbnb ha sido acusada de ayudar a convertir bellas ciudades en lugares para turistas, pero que han aumentado los alquileres y los precios de las viviendas para los locales, lo cual ha obligado a los residentes a abandonar sus hogares.

El asunto ha alcanzado un punto crítico en París. La capital francesa es el destino número uno de Airbnb, con aproximadamente 65.000 hogares listados. También resulta ser un líder en la batalla mundial entre las ciudades y las compañías tecnológicas.

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Ahora París está demandando a Airbnb y otras plataformas. Las acusa de no cumplir con una nueva ley que dice que todos los anfitriones deben registrarse ante las autoridades de la ciudad para garantizar que paguen impuestos y no alquilen sus apartamentos más de 120 noches al año.

Airbnb no va a desaparecer. Pero, ¿pueden las ciudades domarla, e incluso hacer que la plataforma funcione para ellas? Airbnb se lanzó hace 10 años en agosto. Los primeros tres huéspedes - Kat, Amol y Michael - eran viajeros de negocios que llegaron a San Francisco justo cuando quienes participaban en el Congreso Mundial de Diseño habían ocupado hasta la última habitación de hotel. Durmieron en colchones de aire en el apartamento de Brian Chesky y Joe Gebbia, los fundadores de Airbnb. En unos pocos años, Airbnb ya se era global.

Al principio, las ciudades apenas lo notaron. Las tecnológicas suelen lanzar sus productos sin decírselo a nadie y pasan años antes de que las autoridades se den cuenta. Luego pasan más años antes de que empiecen a tratar de regularlas.

En París, Airbnb se sumó a una oleada de compañías que están transformando la ciudad. En principio, las autoridades francesas (hasta Emmanuel Macron) son tecnófilas. Incluso tienen la ambición de convertir a París en un polo de startups de tecnología.

En los últimos años Uber han cambiado el transporte de la ciudad. Amazon está cambiando las compras: los parisinos compran tantos productos en línea que, incluso en calles residenciales, cada vidriera ahora parece ser un templo de comida o un espacio de colaboración de trabajadores.

Los servicios de entrega de comidas han trastocado la gastronomía en una ciudad que prácticamente se había saltado la era de la comida para llevar. Además de los efectos inmediatos están los de largo plazo: estas compañías poseen datos sobre los parisinos con los cuales el gobierno de la ciudad sólo puede soñar.

Airbnb, que apenas existía en París hace cinco años, podría tener también un enorme impacto. Coincide con una nueva mentalidad parisina que sostiene que, en esta ciudad superpoblada y cara, compartir bienes tiene más sentido que poseerlos en su totalidad.

“Somos una bendición para Francia”, explica Emmanuel Marill, director de Airbnb para Francia y Bélgica, y cuenta con los dedos las razones. “Francia es un gran destino turístico, un país de propietarios, con un problema de poder adquisitivo a largo plazo, con largas vacaciones, y un país que - a pesar de todas las críticas - está muy conectado”. Dice que 12 millones de franceses tienen cuentas de Airbnb, alrededor de 400.000 de ellos como anfitriones, el resto como huéspedes.

Marill añade: “No somos como Facebook, porque redistribuimos el poder adquisitivo. Airbnb ha ayudado a mucha gente a seguir viviendo en París, especialmente a los menores de 30 años, que son casi el 40% de nuestros anfitriones”.

Airbnb dice que el anfitrión promedio sólo alquila 33 noches al año. Eso brinda un ingreso complementario útil, no una vida a tiempo completo. Pocos anfitriones son muy ricos, en parte porque París prohíbe de forma efectiva el alquiler de segundos hogares. Más bien, muchos que tienen hogares costosos, pero necesitan dinero extra. Por otra parte, Airbnb crea empleos para los limpiadores y las personas que reciben a los huéspedes y están encargadas de entregar las llaves.

Airbnb dice que quiere que se le regule. El 24 de mayo, antes del caso judicial, la compañía y otras plataformas que operan en la ciudad ofrecieron concesiones, incluyendo “la limitación automática a 120 días por año del alquiler de las residencias principales”. Sin embargo, la compañía considera el esquema de registro de París “complejo”.

Marill indica: “Se necesita una hora para comprender la ley de la vivienda”. Sólo el 5% de los anfitriones de Airbnb que alquilan 30 noches o menos se han registrado. El resto abandonó la plataforma, pues decidieron que no valía la pena la molestia (o el riesgo de ser descubiertos y multados). Airbnb dice que la mayoría de las ciudades europeas no restringen a los anfitriones en lo absoluto.

Jean-Louis Missika, subalcalde de París, trabaja en una magnífica oficina del siglo XIV que sería un gran atractivo para la nueva selección de lujo de Airbnb, ‘Beyond by Airbnb’. Cuando lo visité allí para preguntarle si las autoridades de París eran más estrictas que la mayoría de los gobiernos con las compañías de tecnología, se sonrió: “Al menos verbalmente, sí. Tenemos el mismo problema con Airbnb que con Uber, aunque menos malo, porque son, por así decirlo, más receptivos al diálogo”.

Missika considera ambas compañías como operadores globales que desestabilizan las áreas locales. Un día, notó cuántas de las tiendas del barrio habían sido reemplazadas por restaurantes. Un comerciante le dijo: “Hay menos lugareños y más turistas”.

Según Missika, “el centro de la ciudad necesita una cierta cifra mínima de residentes. Se dice que el 25% de los apartamentos en Île Saint Louis se dedican al alquiler turístico”.

Las autoridades de la ciudad dicen que el 84% de los listados parisinos de Airbnb infringen la ley de registro. Además, los anfitriones no registrados también pueden tener sus hogares en otros sitios sin que se note. Pero muchos comparten la irritación del ayuntamiento. El edificio de mi apartamento en París está lleno de letreros en un inglés imperfecto que dicen: “El conserje de este edificio no está autorizado para entregar ninguna llave a inquilinos de corto plazo”.

El ministro de finanzas de Francia, Bruno Le Maire, también está irritado: ha preguntado por qué Airbnb genera decenas de millones de euros en ingresos, pero paga sólo decenas de miles en impuestos.

Otras ciudades europeas tienen quejas similares. Algunas - como Florencia, Atenas o Lisboa - son demasiado pobres como para defenderse. Si sus habitantes se convierten en una clase de servicio que vive en los suburbios, al menos viven.

Stephen Hodes, un arquitecto en Ámsterdam quien analiza el turismo, dice que el caso extremo es Florencia: un centro peatonalizado, con muy escasos residentes permanentes, que existe sólo para los turistas.

Pero los lugares más ricos como París, Nueva York y Ámsterdam tienen opciones. Pueden sobrevivir sin más turismo. Ya casi no tienen lugares dónde colocar a los turistas, ni siquiera a los residentes. Los precios de sus viviendas siguen aumentando. La economía de una ciudad sufre cuando sus trabajadores no pueden permitirse vivir.

Nadie dice que Airbnb sea el principal culpable, pero varios académicos han demostrado que existe un ligero efecto alcista sobre los alquileres donde Airbnb quita propiedades del mercado residencial. Eso se cumple cuando los propietarios alquilan propiedades múltiples que no tienen residentes permanentes.

Los anfitriones con varios listados representan la quinta parte de los alquileres parisinos en Airbnb, según estima el sitio de investigación Insideairbnb. Karyofyllidis dice sobre un amigo que alquila ilegalmente un apartamento a tiempo completo en Airbnb: “Afecta a las personas que quieren vivir en el vecindario y daña la industria hotelera”. Marill admite: “Quizás algunas propiedades han sido retiradas del mercado. Pero creo que la inmensa mayoría del uso compartido de hogares en París ha sido positiva. Somos más una solución para el turismo masivo”.

Missika no está en total desacuerdo: “Airbnb ha cambiado París para bien y para mal. No queremos impedir la innovación”. Dice que está feliz si los visitantes que se alojan en los apartamentos de los lugareños experimentan una ‘relación más íntima’ con la ciudad, y le gusta el potencial de Airbnb para llevar a los turistas a las zonas más pobres y menos visitadas. “Es posible ganar la batalla. Mire el atractivo turístico de Brooklyn ahora”.

Es cierto que Airbnb parece estar atrayendo categorías subrepresentadas de turistas y luego enviándolas por rutas poco frecuentadas. El sitio ha tenido éxito en distritos parisinos menos turísticos como el XI y el XV. Se necesita una mayor expansión de los turistas: el año pasado, el área metropolitana de París recibió una cifra histórica de más de 40 millones de visitantes, gran parte de ellos en las 41 millas cuadradas dentro de la circunvalación del Bulevar Periférico.

Karyofyllidis ha puesto un mapa en su apartamento con sugerencias de restaurantes del barrio. “Mis invitados muy rara vez comen en casa”, dice. “La mayoría ni siquiera saca un tenedor del cajón”. Sólo alquila a familias, nunca a solteros y comenta: “Yo prefiero hospedarme en hoteles. No me alojaría en un Airbnb. Pero si tienes un bebé y no hay un Airbnb, no viajas. Me gustaría saber si los propios hoteleros se alojan en hoteles si vienen a París con sus hijos”. Marill confirma que, mientras los hoteles atienden principalmente a parejas y viajeros de negocios, Airbnb atrae a personas jóvenes y familias.

París lucha por adaptar Airbnb a sus necesidades. Eso puede tardar años. Mientras tanto, un nuevo sitio web en Silicon Valley, que hasta ahora ha pasado inadvertido por las autoridades, probablemente ya ha comenzado a transformar la vida urbana en Europa y en otros lugares.

Simon Kuper