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Pitillos, un negocio que cambia para recibir más sorbos

La industria ha sentido el golpe de las campañas ambientalistas, pero se ha adaptado para desarrollar productos amables con la naturaleza.

Pitillos

Negocios Por: Portafolio

Las consignas de colectivos ciudadanos con el fin de desestimular el uso de pitillos plásticos para consumir bebidas han calado en la sociedad y en grandes compañías mundiales como Starbucks y McDonald’s, que han prometido sustituir los tubitos por otros más amigables con el medioambiente.

(Lea: ¿Sabe el daño que hacen sus bolsas plásticas al planeta?)

En Colombia, el efecto de estos movimientos ambientales, que tomaron fuerza en redes sociales a mediados de 2016, se ha sentido de manera contundente en el sector.

(Lea: El país dejó de consumir cerca de 1.000 millones de bolsas)

Promociones Fantásticas, una de las empresas productoras y comercializadoras de pitillos plásticos más grande del país y de la región, mermó sus ventas un 50% en el pico más alto de las campañas en contra del producto.

Carlos Eduardo Cruz, gerente general de la empresa, cuenta que las ventas estaban disparadas antes de que las campañas empezaran a tomar fuerza, luego el descenso fue de un 50 a 40 por ciento. Sin embargo, señala que mucho antes de que estallaran las consignas ambientales la compañía ya trabajaba en el desarrollo de un producto amigable con el medioambiente que no alcanzó a salir al mercado durante esa época.

80
%
de los 350 millones de pitillos que fabrica mensualmente  Promociones Fantásticas
sale del país.


Cuando empezamos a trabajar en el tema incursionamos en la posibilidad de importar o de fabricar pitillos de papel, pero ese producto no cumplía las normas de calidad que la compañía maneja: que sea resistente, que no se deshaga y que mantenga su durabilidad en el tiempo que se va a usar. Por lo tanto, lo desechamos”, comenta Cruz.

Al respecto, Daniel Mitchell, presidente de Acoplásticos, gremio que reúne y representa a las industrias del plástico, señala que las ventas del sector y en particular de los pitillos sufrieron una fuerte caída en el 2016 que estuvo por el orden del 20 por ciento.

“Los pitillos no tienen ninguna regulación, no tienen impuestos, no son sujetos de este tipo de medidas que tienen las bolsas plásticas, sin embargo, sí se evidencia un patrón dentro de los consumidores de reducir el consumo de los pitillos de cualquier material, no solo de plástico”, señala el dirigente gremial.

No obstante, Mitchell explica que lo que pasa con el pitillo, a diferencia de las bolsas plásticas, es que es un producto intermedio y en ese sentido los tubitos de plástico se pueden encontrar en las cajitas de los jugos y leches. “Este no es un tema solo de restaurantes, los pitillos también vienen dentro de otros productos, entonces ahí el sector cae menos”, precisa.

No podemos estigmatizar el producto porque el plástico como tal no contamina, nosotros somos los que hacemos un uso inadecuado

CONCIENCIA AMBIENTAL

En Colombia el mercado de los pitillos no alcanza a llegar al 1 por ciento de las dos millones de toneladas de plástico que se producen en el país, pero la fuerte conciencia ambiental de los últimos años obliga a las compañías a lanzar productos en sintonía con los nuevos estilos de vida.

Tal es el caso de Kogi Life, que se ha posicionado en este mercado dando respuestas a las exigencias del momento, al importar pitillos de papel de Estados Unidos para cubrir la necesidad de un producto amigable con el medioambiente.

Solo en el último semestre las ventas del pitillo de papel de la empresa han aumentado en un 25 gracias a que más hoteles, restaurantes, entre otros, están cambiando el tradicional tubito de plástico. 

“Nuestros pitillos de papel son fabricados en Estados Unidos con materiales grado alimenticio bajo estándares FDA (Food and Drug Administration) y EU ( European Commission), contienen un 33% más de papel que otros de este material, no se deshacen y no se destiñen en las bebidas. El material utilizado para su fabricación viene de cultivos sostenibles”, señala la comercializadora.

Por su parte, Promociones Fantásticas, halló la solución a las exigencias ambientales en un aditivo encontrado en Europa. Esta sustancia se adiciona a la masa del producto lo que permite que el pitillo se oxidegrade.

“Después de mucha investigación, muchos ensayos, en lo que nos tomamos más dos años, en enero del año pasado terminamos las pruebas del pitillo para asegurar la biodegradación del mismo y que cumpliera la norma para considerarlo biodegradable. Cuando estábamos en este proceso, salió la campaña para desestimular su uso”, precisa Cruz.

Este plástico se biodegrada en 36 meses y ya la compañía avanza en otro desarrollo para que pueda hacerlo en 12 meses. “Cuando lanzamos el producto biodegradable se recuperaron las ventas, pero no se ha podido llegar a los volúmenes del pitillo convencional. Todavía nos falta tiempo para que haya reconocimiento en la tecnología que implementamos y trabajamos para que cada vez tengan más aceptación”, puntualiza.

Actualmente, la industria plástica del país promueve el uso racional, la reutilización y el reciclaje de estos productos y pide que no se le estigmatice.  Por ejemplo, en el caso de las bolsas varias empresas han cerrado por la caída del consumo de ellas. “La diversificación les ha ayudado a mantenerse a aquellas que aún permanecen”, sostiene Daniel Mitchell, presidente de Acoplásticos.