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¿Pueden Uber, Lyft y la 'economía gig' actuar responsablemente?

La pregunta es saber si los clientes aceptarán pagar más por las entregas de comida y viajes.

Uber cuenta con 43 de estos vehículos.

Empresas Por: Portafolio

Conforme los flamantes nuevos gigantes de la ‘economía gig’ (economía a demanda o economía compartida), se enfrentan con los gobiernos y los organismos reguladores, una antigua industria marcada por las batallas observa discretamente con una sensación de déjà vu.

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Uber, Lyft y Deliveroo, al igual que muchas, no son las primeras compañías que han amenazado con trastocar el ámbito laboral. Hace mucho tiempo, en la década de 1930, las agencias de empleo eran los malos: actuaban como intermediarios entre las compañías y los trabajadores.

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El resultado fue una vertiginosa alteración de la noción tradicional de un trabajo para toda la vida: las relaciones triangulares de trabajo y los empleos temporales.
La reacción fue feroz. La primera convención sobre las ‘agencias retribuidas de colocación’ de la Organización Internacional del Trabajo dijo que deberían “eliminarse dentro de un plazo de tres años”.

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“Mis trabajadores en Francia a finales de la década de 1960 estaban bajo la amenaza de ser golpeados por los sindicatos, y los legisladores laborales los enviaban a prisión”, explica Jonas Prising, presidente y director Ejecutivo de ManpowerGroup, una de las agencias de empleo más grandes del mundo.

“Lo que está sucediendo con Uber es lo mismo que le sucedió a nuestra industria, con la diferencia de que está pasando más rápido”.

Uber podría encontrar cierto consuelo en eso. Después de todo, ManpowerGroup sigue aquí. Obtuvo US$20.000 millones en ingresos y US$750 millones en beneficios operativos el año pasado. El sector despliega alrededor de 50 millones de trabajadores de agencia cada año, según la Confederación Mundial del Empleo, el organismo de la industria.

Y Europa, la región que mostró más hostilidad en contra de estos ‘disruptores’, es ahora el segundo mayor mercado de empresas de trabajo temporal en el mundo.
No es ningún gran secreto cómo se establecieron esas compañías. Se compro metieron.
En países como Francia, Bélgica y los Países Bajos, los pioneros de la industria aceptaron las regulaciones para expulsar a los comerciantes deshonestos; llegaron a acuerdos colectivos de trabajo con los sindicatos; aceptaron ser los empleadores de los trabajadores cedidos, pagar los impuestos de empleo y cumplir otras normas laborales.

Algunos países exigen una protección extra para los trabajadores cedidos. En Francia, a cada trabajador cedido se le debe pagar una suma global al final de su asignación para compensar la precariedad de su trabajo. Las agencias también están obligadas a reservar dinero para capacitar a los trabajadores cedidos.

Pero el resto del mercado laboral ha sido tan rígido en Francia que la demanda de trabajadores flexibles de las agencias de empleo ha permanecido alta, a pesar de los costos adicionales.

La industria todavía no es perfecta. La investigación sugiere que las agencias de trabajo temporal ayudan a las personas jóvenes poco cualificadas y a los desempleados a encontrar trabajo, pero no necesariamente proporcionan un ‘trampolín’ hacia el empleo permanente.

Aun así, el modelo de negocio es ahora una característica aceptada en gran parte de los mercados de trabajo. ¿Pueden las compañías de la ‘economía gig’ seguir este mismo camino?

El problema con hacerlo responsablemente — lo cual según Prising es el enfoque de su industria — es que resulta más costoso que hacerlo de manera irresponsable. En el caso de la industria de trabajo temporal, tanto las agencias como sus clientes finales parecen haber sufragado los gastos.

“Los precios subieron y los márgenes bajaron”, destaca Denis Pennel, director Gerente de la Confederación Mundial del Empleo. “Hoy, los márgenes son de un nivel muy bajo, especialmente para las asignaciones de trabajos manuales”. Pero muchas compañías de la ‘economía gig’ no están obteniendo beneficios, y son sustentadas por los inversionistas que creen en su gran estrategia de “el ganador se lo lleva todo”.

A diferencia de la industria de trabajo temporal, que tiene un modelo de negocio a negocio, el sector de la ‘economía gig’ vende principalmente sus servicios directamente a los consumidores. ¿Están las personas dispuestas a pagar más por sus entregas de pizza o los viajes en coche? ¿Son las innovaciones tecnológicas de las compañías de la economía colaborativa tan útiles que la demanda seguirá existiendo, incluso aunque dejen de ser tan baratas? Esto aún se desconoce. Pero nosotros los clientes somos los que proporcionaremos esas respuestas.