Opinión

Servido en bandeja de plata un nuevo recorte en la tasa de interés

Las expectativas de inflación derivadas del mercado de deuda pública han registrado tendencia a la baja en el último mes, y se acentuaron tras conocerse el dato de marzo.

Banco de la república

Opinión Por: Otros Columnistas

De acuerdo con las minutas de la reunión de marzo del Banco de la República y con su último informe al Congreso, el principal argumento para haber mantenido la tasa de intervención en 4,50% el mes pasado, fue la preocupación de varios codirectores por “los riesgos que representan para las proyecciones de inflación la persistencia en la inflación de algunas canastas de bienes y servicios del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que se mantienen muy por encima de la meta, a pesar del descenso en el primer bimestre”.

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En particular, el Banco hizo referencia a los grupos más indexados o intensivos en mano de obra, como educación y salud, cuyos precios se ajustan con base en la inflación causada del año previo (4,1% en 2017) o en el aumento del salario mínimo (5,9% para 2018), que en ambos casos fue superior al techo del rango meta de 4%.

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Sin embargo, los datos de inflación de marzo que se publicaron recientemente no sólo señalan una convergencia más rápida a la meta de 3%, sino que también confirman una notable desaceleración de todas las medidas de inflación básica y una moderación importante de las presiones alcistas en los ítems con mayor indexación.

Dado que el Banco resaltó en su última reunión que “la actividad económica empezó el año con una dinámica débil” y que aún persiste la incertidumbre sobre la velocidad de su recuperación, además de que el déficit externo continuó disminuyendo más rápidamente gracias a los mayores precios del petróleo en lo corrido del año, creemos que están dadas las condiciones para una reducción de un cuarto de punto en la tasa de intervención en la reunión de este mes, en línea con la expectativa que hemos mantenido desde hace meses.

En marzo se acentuó el proceso desinflacionario que anticipábamos debido a la disipación del efecto alcista de la reforma tributaria de 2016 sobre los precios al consumidor a comienzos de 2017. De esta manera, la inflación cayó a 3,14% en marzo, frente a 4,1% en diciembre, y se ubicó muy por debajo del pronóstico de 3,4% que el Banco tenía a finales de 2017 y que había revisado a 3,6% en enero.

Aunque el Banco ya tenía información de un descenso más rápido de la inflación en el primer bimestre de 2018, la Junta manifestó que “la inercia en la inflación de algunos rubros podría afectar las expectativas y demorar la convergencia a la meta de 3%”.

En particular, las minutas de la reunión de marzo revelaron que varios codirectores veían un riesgo para la inflación de finales de 2018 en algunos componentes del IPC que se ajustan con base en la inflación causada del año previo.

Los componentes con estas características hacen parte del grupo de los bienes y servicios no transables: los arrendamientos y el subgrupo de indexados (principalmente educación y salud). El primero tiene el mayor peso en el IPC (18,6%) y en marzo desaceleró su variación anual a 3,91%, con lo cual acumuló una disminución de medio punto durante el último año, además de ubicarse dentro del rango meta de inflación por primera vez desde marzo de 2016. Por su parte, la inflación anual del subgrupo de indexados (ponderación de 8,1% en el IPC) se desaceleró 0,9 puntos en el primer trimestre y se ubicó en 6,1% en marzo, su nivel más bajo en 20 meses. Este comportamiento debería reducir las preocupaciones de la Junta sobre los riesgos que representa la indexación de precios a la convergencia de la inflación a la meta este año.

No obstante, creemos que la inflación del grupo de indexados no tiene mucho más espacio de reducción, por lo cual esperamos que se mantenga cerca de los niveles actuales en lo que resta del año. En cambio, sí creemos que puede haber algunas reducciones adicionales en la inflación de los arrendamientos, lo cual tendría un impacto desinfalcionario no despreciable dado su elevado peso en el IPC. En los últimos dos años la inflación anual de este componente ha sido inferior a la inflación causada del año previo, que es el máximo incremento permitido por la normatividad (por ejemplo, el incremento anual promedio de los arrendamientos fue 4,3% en 2017, mientras que el máximo permitido era 5,8%), lo que refleja la debilidad del sector inmobiliario. Esperamos que este sector continúe registrando variaciones negativas en el primer semestre de 2018, lo cual contribuirá a moderar aún más el incremento anual de los arrendamientos y alejarlo del techo de 4,1% que estará vigente en todo 2018.

También es importante resaltar que todas las medidas de inflación básica se desaceleraron con fuerza en marzo. El promedio de las cinco medidas que monitoreamos disminuyó 0,32 puntos en ese mes y se ubicó en 3,71%. Esta es la segunda mayor caída en el actual proceso desinflacionario que comenzó a mediados de 2016, después de la de febrero, con lo cual se acumuló una reducción mayor a 1 punto durante el primer trimestre. Además, esta es la primera vez que dicho promedio se ubica dentro del rango meta desde mayo de 2015.

Otro factor que contribuirá a reducir la preocupación de la Junta por la inflación para finales de 2018 es el relacionado con las expectativas de inflación. Por un lado, el promedio de inflación esperada para el cierre de 2018 en la encuesta de expectativas del Banco se ubicaba en 3,35% en marzo, pero luego de la sorpresa a la baja en el dato de ese mes, creemos que disminuirá a niveles de 3,2%. Por otro lado, las expectativas de inflación derivadas del mercado de deuda pública han registrado una tendencia decreciente en el último mes, la cual se acentuó luego de la publicación del dato de marzo. Además, algunas de estas medidas han caído, incluso por debajo de la meta de 3%.


Andrés Pardo Amézquita
Director Ejecutivo de Investigaciones Económicas, Corficolombiana.

Julio César Romero
Economista Jefe de Investigaciones Económicas Corficolombiana.