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Álvaro García

Chivas expiatorias

Álvaro García
POR:
Álvaro García
mayo 03 de 2012
2012-05-03 01:18 a.m.
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El nuevo y sorprendente rumbo que tomó el escándalo de las prostitutas de Cartagena con los guardaespaldas del Presidente de EE. UU., parece ser un crudo reflejo de la lógica de las relaciones internacionales que nos rige, aun en temas tan cruciales como el narcotráfico.

Con el paso de los días y por cuenta de una sutil operación mediática, los responsables del escándalo –agentes del Servicio Secreto de EE. UU. que se fueron de farra en vez de cuidar a su Presidente– pasan a ser víctimas de una ciudad que, como Cartagena, está ahora en los medios internacionales como una especie de Sodoma, donde pareciera que las meretrices campean y aguardan por los rincones de las murallas a la espera de saltar sobre inocentes transeúntes, como lo podrían ser los agentes americanos.

De la misma manera, con igual lógica y moral, se atiende mundialmente el problema del narcotráfico: los estadounidenses, quienes consumen cocaína –por cuenta de este mismo artilugio comunicacional y cultural– pasan a ser víctimas de una región que la produce y la ofrece a ese gran mercado que la demanda con entusiasmo y alegría.

Y en esa pervertida visión del mundo las soluciones son, por un lado, emprender una cruzada para estigmatizar a Cartagena y atacar la prostitución en esa ciudad; y por otro, terminar con los cultivos ilícitos y laboratorios en las selvas de este lado del mundo, eso sí, negociando narcos con penas risibles.

En los dos casos, los que con el poder del dinero demandan un servicio marginal –que disfrutan a sus anchas– terminan salvándose, criminalizando personas, países y regiones, trasladándoles la parte oscura de la problemática. El objetivo es, claramente, apartar a los que pagan por droga o a los que pagan por prostitutas del escenario de responsabilidades.

Es muy probable que algunos de los encargados de manejar los medios americanos que han señalado a Cartagena como una ciudad invadida de prostitutas, lo hayan hecho desde una convención en Las Vegas, una ciudad fundada por mafiosos como Bugsy Siegel, pensada para ofrecer de manera masiva y con salvaguardas legales todo tipo de servicios de entretenimiento, incluidos el juego y la prostitución.

Las Vegas, todo el mundo sabe, es orgullo de EE. UU. y uno de sus principales destinos turísticos.

Sería una torpeza cerrar los ojos ante el problema de la prostitución en Cartagena, y a las denuncias que se han hecho en ese sentido, incluidas las de prostitución infantil, un lacra terrible que se debe enfrentar y erradicar.

Sin embargo, esa situación no alcanza para convertir a Cartagena en chivo expiatorio de un problema, que está extendido por buena parte del mundo y que no puede ocultar este escándalo que se suma a los abusos de Guantánamo y Abu Graib, y a las repulsivas revelaciones de los soldados americanos que orinaron a los cadáveres de sus adversarios en Afganistán, todos con un rasgo en común: la falta de respeto, expresada de diferentes maneras, por los países que los acogen.

Ya no se puede decir que son hechos aislados. Es una patología.

Por eso está muy bien llevar a los foros internacionales el tema de la responsabilidad de los consumidores y acentuar allí el foco. Aunque mientras que los mandatarios lo discuten, los guardaespaldas del Presidente de EE.UU. estén pagando por prostitutas.

Álvaro García

Periodista

aegarcia40@yahoo.com

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