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Andrés Espinosa Fenwarth

Defensa de los biocombustibles

En lugar de promover la eliminación de los subsidios a los biocombustibles y de la política de mezcl

Andrés Espinosa Fenwarth
POR:
Andrés Espinosa Fenwarth
marzo 16 de 2011
2011-03-16 01:26 a.m.
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De tiempo en tiempo, ponderados analistas se van lanza en ristre contra los biocombustibles como fuente alternativa de generación de energía y luego proponen la eliminación del apoyo oficial. Por lo general, las críticas contra los biocombustibles se hacen al tenor de un falso dilema entre comida o energía. Planteado así, como un asunto de seguridad alimentaria, es natural que genere suspicacias ligadas a la responsabilidad social de las políticas públicas. Sin embargo, la realidad, como ocurre con los hechos mundanos, es distinta. Los analistas que mantienen sus críticas contra los biocombustibles argumentan, por lo general, que las políticas estatales que los promueven, e incluso subsidian, se traducen en alzas artificiales de los precios de los alimentos y en un reemplazo de cultivos dedicados a la producción de comida por sembradíos orientados a la producción de biocombustibles. Esta aparente disyuntiva plantea un imaginario y equivocado escenario, en el cual es preciso escoger entre generación de energía y producción de alimentos. Para desvirtuar lo anterior, es preciso acudir a fuentes confiables, como el Banco Mundial, entidad multilateral que recientemente analizó la excepcional coyuntura de precios elevados de los productos básicos y agropecuarios observada durante el periodo 2006 al 2008, la de mayor duración y profundidad desde la Segunda Guerra Mundial. El Banco Mundial concluye que la noción ‘comida versus energía’ es equivocada. Al analizar el impacto de la producción de etanol en los precios de los productos agropecuarios, de los alimentos, encontró que era mínima, inferior a los estimativos iniciales. El estudio es categórico al comprobar que el alza de los precios de los alimentos observado en el lapso mencionado, obedece realmente a una combinación de factores, que incluyen el cambio climático, prohibición de exportaciones en algunos países productores, debilidad del dólar y el consecuente aumento en el precio del petróleo a niveles históricos, expansión fiscal y monetaria de algunos países desarrollados y la acción de los especuladores en las bolsas de físicos agropecuarios que contribuyeron a la extraordinaria volatilidad observada en los precios de los alimentos en esos años. Al desviar el debate de los biocombustibles hacia la oposición de contrarios que no lo son, alimentos versus biocombustibles, se desvirtúan erróneamente los beneficios directos e indirectos ligados a su promoción en países como Colombia, que lo tiene todo para cimentar una agroindustria de clase mundial. Los biocombustibles son fuente alternativa de energía segura, biodegradable y amigable con el medio ambiente, cuya validez crece ahora como resultado de la incertidumbre generada por la devastación del tsunami en Japón en torno al uso seguro de la energía nuclear. La agencia ambiental norteamericana, EPA, confirma que el etanol derivado de la caña de azúcar es un combustible renovable, bajo en emisión de partículas de carbono, que puede “contribuir significativamente a la reducción de gases de efecto invernadero”. En el caso del biodiésel, la EPA concluye igualmente que se dan efectos similares al compararlo con los combustibles de origen fósil. Así, en lugar de promover la eliminación de los subsidios a los biocombustibles y de la política de mezclas a nivel nacional, lo recomendable es convertirlas en políticas de Estado.

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