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Augusto Galán Sarmiento
análisis

Analfabetismo sexual

La educación libera, integra, incluye, amplía los horizontes. El analfabetismo limita, excluye y mantiene sometimientos. Las reacciones en redes sociales y medios de comunicación en el último tiempo, así como las iniciativas de algunas corrientes políticas y religiosas, muestran el tabú, el temor y la ignorancia que persisten sobre la materia.

Augusto Galán Sarmiento
POR:
Augusto Galán Sarmiento
octubre 24 de 2017
2017-10-24 09:37 p.m.
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En materia de educación para una salud sexual y reproductiva, la gran mayoría de la sociedad colombiana se encuentra en un analfabetismo funcional. Esta es una frase lapidaria de un científico y académico de Profamilia. De acuerdo a su experiencia, el desconocimiento afecta a personas de todas las condiciones socioeconómicas y, contrario a lo que algunos puedan pensar, las poblaciones con educación superior no se escapan a esa realidad.

El tema es delicado, sin duda, porque aún existen grupos con niveles de fecundidad altos, incluido el de mujeres adolescentes, que además esconden violaciones a los derechos humanos de niños y niñas. Abuso, violencia intrafamiliar, pedofilia, pornografía infantil, enfermedades; todo ello se esconde detrás de la evasión que existe por la hipocresía con la que se trata el tema en nuestra sociedad.

Para el 2015, de acuerdo con el Dane, el número de bebés que nacieron de niñas entre los 10 y 14 años mostraron un ligero descenso con respecto al 2014; pero el dato de 6.045 partos en este grupo poblacional persiste escandaloso. Alrededor de 17 partos diarios en ese segmento de menores.

Las tasas más altas las presentaron los departamentos de Guainía, Caquetá, Amazonas, Cesar y Arauca, con niveles por encima de 5 nacidos vivos por 1.000 mujeres de esa edad. Una niña en Guainía, tiene casi cinco veces más posibilidades de quedar embarazada que su congénere de Bogotá. Más de seis mil abusos sexuales anuales en estas menores son una verdadera vergüenza nacional. ¡Nadie denuncia! ¿Nadie se conmueve?

Además, como si esto no fuera suficiente y de acuerdo a Profamilia, en Latinoamérica la mortalidad materna es una de las tres primeras causas de fallecimientos en niñas entre los 15 y 19; el embarazo en adolescentes está solo superado por África, por encima del promedio mundial y contribuye a perpetuar la pobreza; y cada año se presentan alrededor de 670 mil abortos inseguros en la población joven. Colombia no es ajena a estas condiciones.

Lo que existe es un problema social complejo. Pero algunos se rasgan las vestiduras porque el Dane intentó conocer mejor la situación para que se definan políticas públicas adecuadas que protejan a esas poblaciones. Se escandalizan por las preguntas incluidas en una encuesta, pero no prestan igual atención al lenguaje sexual ni a la violencia verbal que se escucha en los programas o en los noticieros de televisión en los horarios estelares, atendidos por niños y niñas de más tierna edad. Sin mencionar lo que encuentran en la internet, y el lenguaje vulgar manifiesto con el que crecen muchos infantes en numerosas familias colombianas.

Es claro que estas encuestas deben llevarse con delicadeza y respeto. Para ciertos grupos poblacionales se deben acompañar con metodología psicológica y no simplemente realizar el interrogatorio para la búsqueda estadística. Pero no se pueden suspender este tipo de investigaciones. Hay que entender mejor lo que ocurre.

Los enemigos de las normas sobre convivencia ciudadana y derechos de las minorías buscan disculpas para tratar de detener el avance de la transformación social sustentada en el respeto y el reconocimiento de los derechos.

Periódicamente, reaparece la corriente ideológica y religiosa que existe contra el derecho a una salud sexual y reproductiva plena y responsable planteada por la jurisprudencia y las leyes.

El escándalo agresivo por la cartilla del Ministerio de Educación; el proyecto de referendo que prohíbe la adopción de parejas homosexuales y de personas solteras y viudas; la reacción a las preguntas de la encuesta del Dane; la oposición franca y soterrada contra las tres circunstancias aprobadas por la Corte Constitucional para la interrupción del embarazo, son algunas muestras del analfabetismo sexual que impera en nuestra sociedad intolerante. Señales de una precaria formación que tenemos en nuestras comunidades sobre una vida sexual sana y una procreación responsable.

La educación libera, integra, incluye, amplía los horizontes. El analfabetismo limita, excluye y mantiene sometimientos. Las reacciones en redes sociales y en medios de comunicación durante el último tiempo, así como las iniciativas de algunas corrientes políticas y religiosas, muestran el tabú, el temor y la ignorancia que persisten sobre la materia. Se evidencia que esta sociedad necesita más formación objetiva, integral e incluyente sobre la salud sexual y reproductiva. ¿Queremos una sociedad libre o que se mantenga en el oscurantismo?

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