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Augusto Galán Sarmiento
Análisis

¿Un derecho a la evasión y a la elusión?

Con el fortalecimiento de las instituciones de vigilancia, seguridad y justicia desaparecerán los corruptos y alcanzaremos el Estado de Derecho.

Augusto Galán Sarmiento
POR:
Augusto Galán Sarmiento
junio 13 de 2017
2017-06-13 09:37 p.m.
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Parece que la evasión y la elusión tributaria son consideradas por cientos de miles de colombianos como un derecho que poseen, quien sabe las razones. Los que evaden, se esconden; quienes eluden, realizan maniobras para no pagar lo que les corresponde.
Aunque no están dispuestos a aportarle al bien común, la mayoría de ellos es la que más exige y critica al Estado y a los dirigentes.

Las cifras de la evasión son públicas, y por ello, no dejaremos de mencionarlas. El bajo recaudo tributario está signado en gran medida por ese comportamiento ciudadano. La Dian estimó la evasión al IVA para el 2014 en 23 por ciento del recaudo, aunque el Fondo Monetario Internacional la calculó en 40 por ciento. En el caso del impuesto a la renta, la Dian la planteó en el 39 por ciento de lo recolectado. El monto evadido, en pesos contantes y sonantes de ese año, se hallaría entre los 71 y 88 billones. La elusión parece mucho más difícil de estimar y en esas cifras, por supuesto, no se encontraban incluidos los dineros de miles de evasores que las mantenían en paraísos fiscales en diferentes países del mundo.

Sobre el impuesto predial de municipios y ciudades capitales ocurre algo semejante. Las cifras pueden ser incluso más impactantes. Predios cuyo precio supera los miles de millones de pesos y pagan un tributo catastral que apenas representa el 0,01 por ciento de su valor comercial. Aun así, esos propietarios exigen a sus alcaldes agua potable, alcantarillado, medicina, educación, vías, seguridad, entre otros.

El sector de la seguridad social no es ajeno a ese comportamiento antisocial, aunque se ha avanzado mucho contra este, con diversas medidas que se han puesto en práctica a lo largo de los últimos 12 años. A pesar de ello, y en palabras de la UGPP (Unidad de Gestión Pensional y Parafiscales), el problema se origina en causas estructurales; en estudio que publicó, evidencia: “en hogares donde hay más de un obligado solamente el 32 por ciento cumple totalmente, el 47 por ciento cumple parcialmente, y el 21 por ciento, no cumple, es decir, que el 68 por ciento de los hogares evade. El incumplimiento se da a través de miembros de hogares que están accediendo a la cobertura del régimen contributivo en calidad de beneficiarios, cuando deberían ser cotizantes; o que, obligados a estar en el régimen contributivo, se encuentran en el subsidiado”. Ojalá, los cruces de información avancen más para que se puedan detectar esos evasores.

Adicional a lo anterior, existe 2 por ciento de la población que no se encuentra afiliada a la seguridad social en salud. Cerca de un millón de personas que, si cotizaran a la tasa promedio que hoy lo hacen las personas en el régimen contributivo, el recaudo anual para la salud se adicionaría en cerca de 2 billones de pesos. Si, además de eso, aportaran en las mismas condiciones las 600 mil personas que hoy se encuentran afiliadas al régimen subsidiado, pero que no pertenecen al Sisbén I y II (los que tienen derecho al subsidio), ingresaría otro 1,2 billón. Les recuerdo que el déficit del sector salud en la actualidad se estima en cinco billones de pesos; casi quedaría cubierto, de confirmarse estas cifras que aquí planteo.

A la altura de este escrito, escucho las voces de muchos diciendo que para qué aportan impuestos “si es que esos corruptos se roban la plata”. Sin duda, la corrupción existente frustra e indigna y hay que erradicarla, como decíamos en artículo anterior. Pero, la evasión y la elusión son prácticas corruptas o, cuando menos, poco éticas con la sociedad. Solo con el fortalecimiento de las instituciones de vigilancia, seguridad y justicia desaparecerán los corruptos y alcanzaremos el Estado de Derecho que los colombianos queremos. Esto no se logra sino con más dinero de la contribución de todos y, en particular, de quienes tienen más ingresos. Sin aportar, no crecemos ni nos desarrollamos.

Recuerdo el ‘todos ponen’ de Mockus y el impacto positivo que produjo en la tributación en Bogotá, hace ya varios años. Ahí se encuentra el meollo de este asunto. Mayor conciencia social sobre un destino común que debemos construir entre todos.

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