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Beethoven Herrera Valencia
análisis

La reforma del euro

Mientras el nobel Stiglitz critica la política monetarista de austeridad excesiva, sobre todo en épocas de crisis, que ha conseguido ahondarlas
en lugar de resolverlas, Thomas Piketty considera que el euro tiene en su origen un desafase sistémico.

Beethoven Herrera Valencia
POR:
Beethoven Herrera Valencia
marzo 20 de 2018
2018-03-20 08:40 p.m.
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Todos los movimientos de derecha que avanzan en Europa comparten el rechazo a la inmigración, y la promesa de abandonar el euro. Por ello, es notable que la comisión de expertos alemanes y franceses reconozcan que las deficiencias en la implementación de la Unión Monetaria han alimentado a la derecha en Europa. El euro ha recibido severas críticas, no solo de los líderes nacionalistas, pues también desde la izquierda acusa a la Unión Europea de un gran déficit democrático, ya que la Comisión que ejerce funciones de poder ejecutivo, no es elegida directamente, y concentra un cúmulo abrumador de competencias.

Tales expertos recomiendan un mecanismo de reestructuración de deuda, al tiempo que proponen limitar la deuda pública en poder de los bancos, recomiendan emitir eurobonos light y en previsión de desbalances macroeconómicos proponen la creación de un fondo de estabilización anticrisis.

Este proceso ha enfrentado lo que quiere Alemania (disciplina, reglas y reducción de riesgos), contra lo que desea Francia (discrecionalidad para tener una política fiscal expansiva para resolver las crisis y un esquema para compartir riesgos, por ejemplo emitiendo eurobonos). Los expertos han logrado un difícil equilibrio entre el apego alemán a las reglas y la preferencia francesa por la discrecionalidad, al tiempo que recogen la exigencia de los países del sur para que exista una capacidad fiscal anticrisis.

Tras la severa crisis que la Eurozona acaba de vivir con los problemas en Irlanda, Portugal, España y Grecia, se requiere reconocer que existen problemas, y prever los mecanismos para enfrentarlos si reaparecen. Por ello, el documento sostiene que “la reducción de riesgos, la disciplina de mercado y la posibilidad de compartir riesgos deben ir de la mano: progresos en una de esas áreas no son factibles, ni deseables, sin progresos en las demás” (El País, enero 17/18)

El texto comienza diciendo que “hay que mejorar la arquitectura del euro para hacerlo menos vulnerable a las crisis”, y luego reconoce que “el sistema financiero sigue siendo vulnerable (…) las reglas fiscales no son creíbles (…) el Banco Central Europeo no tiene más margen y la política fiscal es procíclica”. Y concluye con un reconocimiento justo aunque tardío: la sobredosis de ajuste en la periferia “ha provocado miseria y resentimiento entre los acreedores y los países deudores” (Ibíd).

Las reformas que la Comisión propone implican romper el círculo vicioso entre la banca y la deuda. Por ello sugieren limitar la deuda pública en manos de los bancos y exigir más capital cuando el nivel de concentración de un banco en la deuda de su país sobrepasa determinado límite, lo cual es apoyado por Alemania y Holanda, y resistido por Francia, España e Italia. Los expertos proponen que se active un esquema común de garantía de depósitos, pero Alemania y Holanda se niegan por el temor de terminar pagando los desmanes de los bancos del sur.

Por otra parte, los expertos proponen cambiar el pacto de estabilidad por una regla de gasto, pues consideran que las actuales reglas no funcionan porque después de muchas reformas se han tornado demasiado complejas; y lo más grave, actúan de modo procíclico. En cambio, proponen una regla de gasto que reduzca la deuda pública de largo plazo y quienes la incumplan deberán financiarse con deudas de peor calidad.

Adicionalmente, los expertos recomiendan un mecanismo de reestructuración de las deudas, pues creen que Europa debe volver a la cláusula de ‘no rescate’, pero tras la experiencia reciente, la región debe tener previsiones que le permitan actuar en casos de crisis. Hasta ahora, cuando han ocurrido crisis los gobiernos han tenido que defenderse con sus propios estabilizadores automáticos porque no hay un presupuesto común para enfrentar las crisis; y por ello el texto recomienda disponer de una capacidad fiscal anticrisis que se activaría en casos como el que sufrió España, o lo que podría ocurrirle a Irlanda si se concluye un brexit duro, o si el desempleo supera determinado nivel.

En la lógica del documento se buscan limitar las transferencias permanentes con un sistema de reaseguro que obligue a los países a responder por sí mismos frente a las primeras pérdidas y después recurrir al salvamento comunitario. Además, se propone emitir eurobonos light como un activo común y dar más relevancia al Mede (Mecanismo de ayuda) para gestionar las crisis.

En su medio siglo de existencia, la Unión Europea ha avanzado desde las Comunidades Económicas del Carbón y del Acero (Ceca) hasta la unidad monetaria y migratoria, pasando por el mercado común y libre movilidad de capitales, logrando desactivar los motivos de confrontación que llevaron a recurrentes guerras. Pero hay que reconocer que desde el origen hay un desfase entre la Unión Monetaria y la soberanía fiscal de cada uno de los miembros, de la cual se ha abusado con deudas excesivas que han puesto en cuestión todo el sistema.

En el plano teórico, mientras el nobel Stiglitz critica la política monetarista de austeridad excesiva, sobre todo en épocas de crisis, que ha conseguido ahondarlas en lugar de resolverlas, Thomas Piketty considera que el euro tiene en su origen un desafase sistémico, pues es una moneda común que no tiene un Estado único que la emita.
*Profesor U. Nacional Y Externado.

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