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Beethoven Herrera Valencia

Lincoln, inflacionista

Friedman consideraba la política monetaria como un problema técnico, no de principios, y su crítica

Beethoven Herrera Valencia
POR:
Beethoven Herrera Valencia
marzo 27 de 2011
2011-03-27 08:48 p.m.
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El debate sobre el manejo fiscal en Estados Unidos está tocando los supuestos teóricos mismos que fundamentan la política monetaria, y como suele ocurrir en debates altamente politizados, la objetividad de los argumentos y la evidencia de las pruebas suelen ser precarias. En reciente artículo de Paul Krugman, el Nobel se pregunta por qué el Partido Republicano, que anteriormente se denominaba ‘el partido de Lincoln’, hoy no hace tal advocación; y encuentra una explicación fundamental en la estrategia del mencionado partido para conquistar los votos de los estados del sur, donde muchos dirigentes se resisten a aceptar el fin de la discriminación racial, y no les resulta cómodo aparecer vinculados con el presidente que lideró la abolición de la esclavitud. Pero la agenda republicana, jalonada hacia la extrema derecha por el movimiento Tea Party, se encuentra cada vez más alejada del ideario de Lincoln, quien instituyó el impuesto sobre la renta, en tanto que el Partido Republicano en la historia reciente se ha constituido en el defensor a ultranza de las rebajas impositivas a las empresas y a las personas de altos ingresos. Frente a las políticas adoptadas por la FED para enfrentar la crisis ‘subprime’ del 2008, algunos parlamentarios republicanos han convocado audiencias para debatir la emisión inorgánica que han hecho los gobiernos de George Bush y de Obama, y que han conducido a que la deuda pública federal se esté aproximando al techo de 14,5 billones de dólares autorizados por ley. Krugman recuerda que también fue Lincoln el primer presidente que emitió papel moneda –dólar verde– que no estaba respaldado por oro ni plata. El congresista Ron Paul, crítico implacable de la FED llamó como testigo a Thomas DiLorenzo, del Instituto Von Mises, quien calificó la política monetaria de la FED, como “actividades de falsificación legalizadas”, y en sus escritos ha convocado a la secesión, argumentando que “la libertad de asistencia sanitaria no se restaurará hasta que algunos estados comiencen a separarse del nuevo Gobierno federal fascistoide”. Krugman desestima las prevenciones republicanas sobre la inflación con el argumento de que esta sólo aumentó 1,2 por ciento en el 2010 y que si se excluyen alimentos y energía esta sería sólo del 0,7 por ciento, por debajo del 2,0 por ciento previsto. Para concluir, el autor expresa su extrañeza por la calificación de izquierdista que los voceros republicanos más radicales están atribuyendo a Milton Friedman, cuyas ideas impulsaron las reformas neoliberales de los últimos 40 años. En efecto, Friedman consideraba la política monetaria como un problema técnico, no de principios, y su crítica al desempeño de la FED en la Gran Depresión no es por emisión excesiva, sino porque cree que no emitió dinero suficiente. El alejamiento republicano de figuras emblemáticas como Lincoln y Friedman podría radicalizarse de cara a la próxima contienda electoral, y es probable que se ahonde la posición esquizofrénica de criticar al Gobierno de Obama por la emisión reciente, al mismo tiempo que se defienden las aventuras de Bush en Afganistán e Irak, las cuales significaron no sólo haber gastado el superávit de 500.000 millones generado por Clinton, sino que adicionalmente dichas acciones militares se financiaron aumentando exponencialmente la deuda , sobre todo con el extranjero.

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