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Camilo Herrera Mora
columnista

No somos moralmente superiores

Cuánto tenemos todavía por aprender los ‘técnicos’ de los políticos y de los jueces para aceptar que no somos moralmente superiores.

Camilo Herrera Mora
POR:
Camilo Herrera Mora
septiembre 04 de 2017
2017-09-04 09:13 p.m.
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Quedé callado. La semana pasada tuve una conversación con otro economista, que me dejó pensativo. Mientras hablábamos de la situación del ajuste macroeconómico que pasamos, me dio unas lecciones que deseo compartirles, porque me abrió los ojos con una serie de ‘cachetadas conceptuales’.

“Esa es una idea equivocada”, me respondió cuando le dije que la posición de los técnicos económicos es difícil en un entorno político; porque los economistas nos acostumbramos a escudarnos en que nuestras ideas son ‘técnicas’ y, por lo tanto, intocables, y que los ‘políticos’ después hacen con ellas lo que quieren, como se puede ver en una reforma tributaria. La verdad es que antes que políticos, hay ‘hacedores de políticas’, que son los economistas que deben tomar las decisiones con las evidencias técnicas que haya y deben conocer no solo la creación de políticas públicas, sino tener la sensibilidad del ambiente, porque las decisiones no se toman por la calidad de la segunda derivada, sino por el clima social. Estas afirmaciones, las defendía con pasión y algo de molestia en su hablar, dejando ver que muchas veces los ‘técnicos’ le habían salido con ese argumento de superioridad y desconocimiento de la realidad.

A esto se sumó la reflexión sobre el rol de las cortes en la economía, que han dado importantes golpes al fisco nacional, dejando perplejos a los ‘técnicos’, callados a los ‘hacedores de políticas’ y en la pared a más de un ‘político’. Porque las cortes fallan en función de un conocimiento legal en el cual los economistas nos mostramos ‘moralmente superiores’ ante los jueces para defender nuestras ideas, bajo la falsa creencia de ser una ciencia mejor que la jurídica.

Lo que nos ha pasado –según mi colega– es que nos acostumbramos a hablar desde la academia, el Ejecutivo y el Legislativo, pero nunca metemos en nuestra lógica a la Rama Judicial, desconociéndola e irrespetándola continuamente. Como ‘hacedores de políticas’, hemos aprendido un poco del mundo político por el relacionamiento con el Congreso, las asambleas y consejos, pero nos quedamos esperando la posición de las cortes sobre la exequibilidad de las normas propuestas, o de un fallo ante una tutela de alguna de las partes en conflicto.

Sin embargo, casi nunca nos sentamos con los jueces para saber cuál es su sentir o posible posición frente a las normas que estamos proyectando por meses, y solo después de todo el camino cruzamos los dedos para que las cortes simplemente nos aplaudan.

Esto se ve claramente en los foros económicos, a los cuales casi nunca se invita a un miembro de las cortes a un debate académico, no obstante ser completamente lógico y necesario hacerlo. Seguramente, lo evitamos para darle independencia al proceso, o porque nos acostumbramos a hablar mal de ellos y culparlos de nuestros errores ‘no técnicos’ al hacer políticas económicas y alimentar el ego.

La reflexión es profunda porque nos deja ver que ser economista no es ser ‘econometrista’, sino devolvernos a ese antiguo lugar en el cual esta ciencia social nació de la teología moral y de la necesidad de crear entornos de bienestar para seres humanos y no para entes racionales. Cuánto tenemos aún por aprender los ‘técnicos’ de los políticos y de los jueces para aceptar que no somos moralmente superiores.

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