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Carlos Holmes Trujillo García
columnista

Fabio Echeverri Correa

Agudo, analítico, no dejaba zonas grises. Cuando decía algo era para que no quedara duda alguna sobre lo que deseaba afirmar.

Carlos Holmes Trujillo García
POR:
Carlos Holmes Trujillo García
octubre 30 de 2017
2017-10-30 09:00 p.m.
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Murió un colombiano importante, polifacético, lleno amigos y de contradictores, como son todos los hombres que tienen el carácter para decir lo que piensan y no eludir ninguna controversia. A pesar de su vocación empresarial, no le escurrió el bulto a lo público.

Fue de aquellos líderes del sector privado que, además de opinar con precauciones, y casi en silencio, en el espacio seguro de los salones del poder, lo hizo también abiertamente. Corrió riesgos, jamás escondió las preferencias políticas que tuvo, y aceptó representar su partido, el Liberal, en la cámara baja. Fue el gerente de las dos campañas victoriosas de Álvaro Uribe Vélez, porque creyó firmemente en que ese gran presidente cambiaría el país.No se equivocó. Uribe le imprimió una dinámica a la nación que hizo posible mejorar la seguridad, aumentar la inversión, avanzar en materia social y establecer un diálogo permanente con la comunidad.

La franqueza de Fabio al emitir opiniones sobre los distintos momentos del país sirvieron para suscitar debates, desencadenar análisis y poner a pensar en soluciones adecuadas. Lo que dijo jamás fue intrascendente. Tuvo esa virtud !

Se podía estar de acuerdo o en desacuerdo con sus afirmaciones, pero siempre había que tenerlas en cuenta, pues provenían de un hombre cuya pasión fue Colombia en toda su dimensión. Por eso decía, con orgullo, que muchas veces dedicó el tiempo a “cosas de beneficio común”.

La verdad es que ese estilo ‘desabrochado’ lo hizo padecer muchas descalificaciones, odios incluso, que él sobrellevaba con la seguridad de quien siempre se sintió a gusto diciendo lo que pensaba. Algo que lo describe bien, tal y como lo recordó Portafolio, es que nunca aceptó ser ministro, no obstante que varios presidentes de la República lo tentaron con el honor. Ese solo hecho describe su personalidad. Pero, la razón que dio para explicar dicha postura lo enaltece, y resulta aleccionadora. Es que “no quise que alguien pensara que utilizaba la presidencia de la Andi como trampolín”.

Hace poco, quien escribe estas líneas disfrutó, por última vez, de la hospitalidad que brindaba. Fueron cerca de tres horas de conversación, una mañana fría en su casa. Se habló de todo. Del pasado, del presente y del futuro. Uno de los rasgos que mejor caracterizaba esa personalidad arrolladora era la claridad. No dejaba zonas grises, ni soltaba frases con el fin de que se les pudiera dar cualquier interpretación. Por el contrario, cuando decía algo era para que no quedara duda alguna acerca de lo que deseaba afirmar.

Era agudo, analítico, combinaba lo elemental con lo sofisticado, y lograba ir al grano, de manera que su interlocutor pudiera despedirse con la seguridad de que le había transmitido lo que tenía en mente. Así era Fabio Echeverri Correa.

Queda, a quienes seguimos, transitoriamente, en esta etapa terrenal, agradecer su amistad, el servicio que le prestó a la patria, las lecciones que deja y el ejemplo de una vida fértil en todos los campos a los que se dedicó . Que Dios lo tenga en su gloria.

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