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Ricardo Ávila
Editorial

En las manos de AMLO

La frustración de las clases populares y media con sus dirigentes explica lo sucedido en México. Aquí puede pasar
lo mismo.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
julio 02 de 2018
2018-07-02 06:00 p.m.
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Nunca perdió el primer lugar en las encuestas, ni menos en el conteo final. Así podría describirse el tránsito hacia la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, cuyo holgado triunfo en las urnas ayer representa un verdadero sacudón institucional para México. A fin de cuentas, el político de 64 años de edad no solo demolió a sus rivales directos, sino que se llevó la mayoría en el Congreso y un puñado de importantes gobernaciones.

La debacle del PRI, el partido del saliente Enrique Peña Nieto, cuyo candidato no alcanzó a conseguir el 16 por ciento de los votos, muestra el anhelo de la ciudadanía de un rumbo distinto para el segundo país más populoso de América Latina. Corrupción y violencia se convirtieron en los factores que explican la victoria de quien había perdido en dos ocasiones anteriores.

Ahora la opinión tendrá tiempo de digerir lo que significa la llegada al poder de alguien descrito como un populista de izquierda. Para sus enemigos, lo que viene equivale a un salto al vacío, pues existe el temor de que el modelo aperturista y de libre mercado empiece a enfrentar restricciones. Sus defensores señalan que AMLO –como se le conoce coloquialmente– ya se probó como gobernante: cuando tuvo a su cargo los destinos de Ciudad de México se retiró con un índice de aprobación del 85 por ciento y mantuvo buena relación con el sector privado.

Por ahora, tanto el presidente electo como su equipo designado se encargaron de enviar mensajes conciliatorios, centrados en la unidad y el respeto a la independencia de los poderes y la libre empresa. Los inversionistas extranjeros parecen haber reaccionado con tranquilidad, pues el peso mexicano no experimentó grandes variaciones ayer, a pesar de haberse devaluado. Tal parece que después de la jornada democrática, los ojos estaban puestos en Rusia, en donde la selección mexicana acabó siendo eliminada por su homóloga de Brasil.

Sin embargo, no hay duda de que el partido de López Obrador será más largo y más difícil. Para comenzar, tendrá que responder con relativa rapidez a unas inmensas expectativas. No menos importante será encontrar maneras de financiar sus propuestas de campaña, que lograría con medidas que eliminen la mordida en los contratos públicos y consigan centralizar las compras estatales. El secretario de Hacienda designado, Carlos Urzúa, habló de ahorros que serían del equivalente del 1 o 2 por ciento del PIB.

Conseguir tales economías será algo desafiante, al igual que mantener los principios de responsabilidad fiscal. La revisión a los contratos suscritos en el sector energético crea incertidumbre, aunque AMLO ha dicho que solo si se encuentran evidencias de manejos oscuros actuaría. No menos desafiante se plantea la relación con Washington, dado el carácter complejo de Donald Trump, su obsesión de construir un muro en la frontera binacional, y la renegociación en marcha del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Con respecto a esta parte del continente, la suerte del líder del partido Morena será seguida atentamente. Si bien no se puede hablar de que el péndulo regional se haya desplazado a la izquierda, su cuestionamiento a las élites tradicionales es un mensaje poderoso en una zona caracterizada por la desigualdad. Ahora lo que queda por verse es si es capaz de concretar el avance social con el cual se comprometió.

Y en lo que atañe a Colombia, hay lecciones claras que se harán evidentes dentro de cuatro años. La frustración de la clase media y popular con la calidad de sus dirigentes explica lo sucedido en México. Aquí falta ver si el nuevo gobierno y los partidos tradicionales entienden que si no lo hacen bien y siguen con los vicios de siempre, la llegada de alguien que prometa hacer borrón y cuenta nueva se vuelve la hipótesis más probable de todas.

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