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Ricardo Ávila
Editorial

Falta un largo camino

Colombia está en la obligación de tomar la decisión sobre si explota o no sus yacimientos no convencionales de petróleo.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
julio 16 de 2017
2017-07-16 05:34 p.m.
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Para un país que desde hace cerca de un cuarto de siglo tiene una relativa tranquilidad en lo que atañe a ser autosuficiente en materia petrolera, el escenario de verse obligado a importar crudo para suplir sus necesidades resulta difícil de aceptar por la opinión. Sin embargo, las cuentas son claras: de acuerdo con el horizonte que maneja Ecopetrol, para el 2025 no habría producción suficiente para abastecer las refinerías que posee la compañía en Cartagena y Barrancabermeja.

Siempre existe la posibilidad de un hallazgo que permita alejar esa fecha, aunque en estos casos es mejor no hacer cuentas alegres. El potencial que existe en las aguas profundas del Caribe colombiano es grande, si bien todavía faltan años de exploraciones antes de que se pueda cuantificar del todo. Adicionalmente, tal parece que hay más gas que aceite, lo cual no soluciona el tema del abastecimiento de fuentes locales, para no hablar de que está por verse si la explotación de un área vasta y compleja en su desarrollo, tiene sentido económico o no.

Por otro lado, la probabilidad de que en el territorio continental pase algo extraordinario es baja. Aceptando que hay áreas por desarrollar y tecnologías que permitirán mejorar el factor de recobro de los campos existentes, la actividad de búsqueda es una fracción de la registrada en las épocas de bonanza de precios internacionales, cuando éramos vistos como un lugar atractivo.

Debido a ello, cada vez está más cerca el día en el que Colombia esté obligada a decidir si opta por sacar el petróleo de los yacimientos no convencionales que posee. Los cálculos hablan de 5.000 millones de barriles de crudo y de 20 terapiés cúbicos de gas, cifras que en ambos casos superan con creces las reservas probadas actuales.

La zona más promisoria de todas es la del valle medio del río Magdalena. Existe una amplia formación en el subsuelo conocida como ‘la luna’, que los expertos consideran como una apuesta casi segura, rica en crudos livianos y pesados y ubicada en una zona con una tradición de un siglo en la extracción de hidrocarburos.

El problema es que la técnica que se requiere para obtener esa inmensa riqueza es la del polémico fracking. Con el fin de liberar el aceite contenido en las rocas que están mil metros o más por debajo de la superficie, sería necesaria la inyección de líquidos a alta presión con el fin de fracturar dichas formaciones. Las fisuras, que usualmente tienen un espesor inferior al de un cabello humano, permiten que el líquido fluya y sea sacado a la superficie.

A pesar de que en Estados Unidos esta tecnología es ampliamente utilizada, y que en México o Argentina hay proyectos de gran envergadura en marcha, la posibilidad de que se use en el territorio nacional ocasiona un fuerte rechazo por parte de diferentes grupos. El principal temor es que se contaminen los acuíferos o se sequen las fuentes de agua, una eventualidad que se ha convertido en uno de los caballitos de batalla de las consultas populares en el orden municipal. Como es conocido, en todas las votaciones celebradas, la mayoría en favor de proscribir minería o petróleo ha sido contundente.

En respuesta, las autoridades argumentan que existe un marco regulatorio e institucional que garantiza que la explotación de yacimientos no convencionales se haga utilizando las mejores prácticas existentes. Dado que la curva de aprendizaje ha sido recorrida en otras latitudes, los riesgos serían pocos y limitados.

No obstante, así, desde el punto de vista técnico, esa afirmación sea cierta, falta un largo terreno por recorrer en materia de comunicación y pedagogía. Hasta tanto el público no vea con algo de tranquilidad lo que se va a hacer -y entienda que hay un falso dilema entre agua y petróleo-, no habrá apoyo para el fracking. Un foro escenificado en Barrancabermeja, el viernes pasado, fue un paso en la dirección correcta. Pero el camino apenas comienza. Y el trayecto que viene es largo.

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