1 / 7
Contenidos vistos este mes
Disfrute de contenido ilimitado sin costo
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese
Ya completó los artículos del mes.
Sabemos que le gusta estar informado Disfrute de acceso ilimitado al contenido, boletines noticiosos y más beneficios sin costo.
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese Volver a la portada
Ricardo Ávila
Editorial

¿Hubo o no maquillaje?

La Contraloría tendió dudas sobre las cifras reportadas por Reficar, pero los analistas independientes no creen que haya prácticas censurables.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
abril 12 de 2018
2018-04-12 09:37 p.m.
http://m.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

En medio de las alzas en las cotizaciones de los hidrocarburos que impulsaron la acción de Ecopetrol, los mercados apenas registraron el comunicado expedido por la Contraloría General en días recientes sobre Reficar. No obstante, los medios de comunicación abundaron en titulares que hablaban de un “maquillaje” de los estados financieros de la refinería, el proyecto industrial más oneroso en la historia de Colombia.

En su texto, el organismo estatal desvirtuó que la sociedad hubiera registrado una utilidad de 48.084 millones de pesos en el balance del 2017. Según la opinión, de no haber sido por una figura contable, el resultado operacional habría dado pérdida de 784.569 millones de pesos y un saldo en rojo final por más de 1,4 billones. El ente dijo que “a Reficar le sale más caro producir que lo que obtiene por sus ventas”.

Semejante afirmación despertó la indignación de los usuarios de las redes sociales. La impresión general es que después del escándalo que implicó la finalización de un proyecto que costó cerca de 8.000 millones de dólares, el doble de lo presupuestado, ahora llegó la época de los artilugios con el fin de disimular una realidad innegable: el negocio no da. En conclusión, la Contraloría se pregunta qué hace la empresa estatal “desperdiciando recursos en proyectos de cuestionable viabilidad y que podrían dirigirse a atender otras necesidades”.

Tales cuestionamientos son válidos, si su base es el uso de prácticas irregulares. El punto central es la reversión parcial de un castigo contable hecho en años previos, conocido como impearment, en inglés, que traduce ‘deterioro’. Sin entrar en honduras, el activo se valoró el año pasado con base en cuatro criterios y el resultado del ejercicio dio un margen positivo frente al valor en libros, que se registra como una ganancia.

Aunque la figura puede sonar extraña, es absolutamente válida. Tanto, que la Contraloría acepta que el ajuste “es permitido por las normas internacionales de contabilidad. Lo realizado pasó los filtros de la revisoría fiscal y la auditoría interna, entre otros motivos, porque es usual en la industria extractiva. Los estados financieros de Chevron, BP o Shell, los incluyen, para mencionar algunos de los nombres más conocidos.

También se dispararon las alarmas por la decisión de Ecopetrol de asumir deuda de Reficar por 2.596 millones de dólares, la cual fue capitalizada. Aquí también se implica que bajar los costos financieros busca solo mostrar resultados en negro más temprano.

La impresión de que aquí hay gato encerrado es grande, pero la visión de los analistas independientes es diferente. Cualquier principiante en análisis financiero sabe que el valor de una compañía está determinado por su capacidad de generar caja positiva, algo que se refleja en el Ebitda (acrónimo en inglés de utilidad antes de intereses, impuestos y depreciación).

A este respecto, el panorama de Reficar es positivo: de un rojo de 200 millones de dólares en el 2016 –cuando apenas arrancaban las plantas– pasó a un beneficio de 4 millones el año pasado. Para el 2018, la meta es 180 millones de dólares, y el objetivo es llegar a 500 millones en el 2020. Bajo ese parámetro, el negocio va mejorando y reportará utilidades crecientes. Con respecto a la deuda, Ecopetrol dijo en diciembre que hacía más lógica tomarla y bajar lo que paga por impuesto de renta (33 por ciento el próximo año) que dejarla en la refinería, cuyo gravamen, por ser zona franca, es del 15 por ciento.

En conclusión, hay que pedirle a la Contraloría mayor rigor a la hora de emitir sus juicios. Lanzar mantos de duda puede ser popular, pero no se ajusta a criterios técnicos. Y aunque es válido debatir si el proyecto se debía haber hecho, ello es distinto a insinuar que lo mejor sería cerrarlo o que hay trampas contables. Ese no es un planteamiento responsable.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado