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Ricardo Ávila
Editorial

La primavera no se siente

El reporte que hace el Fondo Monetario con respecto a la economía del planeta es bien positivo, pero los ceños fruncidos persisten.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
abril 17 de 2018
2018-04-17 08:39 p.m.
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El fin de semana pasado, los habitantes de Washington asistieron entusiasmados al desfile con el que se celebra la floración de los cerezos, típica de esta época del año. Pocos residentes de la capital norteamericana, en cambio, se darán cuenta de otro tipo de procesión programada para estos días: la de los ministros y banqueros centrales que se congregarán en la ciudad con el fin de asistir a las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Sobre el papel, el ambiente del encuentro debería ser casi festivo. Tal como lo reportó ayer el FMI, las cosas siguen bien para la economía global, cuyo crecimiento para este año sería cercano al 4 por ciento.

El parte es positivo, tanto para los países industrializados, como para los emergentes. No solo la velocidad alcanzada permite dejar atrás los malos recuerdos de la crisis financiera de hace diez años, sino que la confianza del consumidor se mantiene alta, mientras el desempleo se acerca a mínimos históricos. Incluso América Latina mejora, a pesar de que su dinámica sea modesta.

Sin embargo, el ambiente en diferentes latitudes es sombrío. Los nubarrones de tormenta que se acumulan en el campo comercial son la causa. El aumento en los aranceles a las importaciones de acero y aluminio de Estados Unidos fue un primer campanazo de alerta al que le siguió el anuncio de castigar a los productos chinos que entran a territorio norteamericano.

Aunque las conversaciones continúan y solo hasta finales de mayo se sabrá si la Casa Blanca hace efectivas o no sus amenazas, el riesgo de una confrontación entre las dos economías de mayor tamaño, inquieta a los observadores. Como si lo anterior no fuera suficiente, el tratado de libre comercio de América del Norte –más conocido como Nafta, por su acrónimo en inglés– está en plena negociación, aceptada a regañadientes por Canadá y México.

Lo peor es que tanta artillería no garantiza ningún resultado positivo. Donald Trump considera que un déficit comercial con sus vecinos o con China, demuestra que el Tío Sam es el que lleva las de perder, cuando lo que sucedes es que la demanda estadounidense está disparada y tiende a expandirse. De hecho, el Fondo Monetario piensa que el próximo año ese desequilibrio será todavía mayor, debido a los efectos de la reforma a los impuestos aprobada en diciembre pasado.

Para colmo de males, sigue latente el peligro de un deterioro en el clima de seguridad. El bombardeo del fin de semana en contra de Siria va a dar pie a un contragolpe ruso. Y aunque ayer los mercados respiraron con alivio porque los ataques de Occidente se concentraron en unas pocas zonas en donde se almacenaría el gas que proscriben los tratados internacionales, el capítulo no se ha cerrado.

Ambos factores pueden descarrilar la recuperación actual y los especialistas lo saben. El apetito a la hora de adelantar proyectos se reduce en épocas de incertidumbre y algunas decisiones clave se pospondrán hasta que la atmósfera se vea más limpia.

Además, hay alertas sobre lo que vendría en unos años. El aumento en el déficit fiscal estadounidense traerá dolores de cabeza en un tiempo corto, para no hablar de desafíos más fundamentales como las consecuencias de la revolución tecnológica sobre los niveles de empleo o el envejecimiento de la población en China. Otros señalan que el endeudamiento de empresas e individuos es insostenible, ante lo cual hay que evitar otra crisis financiera.

Semejante avalancha de pronósticos hará difícil que el mensaje proveniente de Washington sea de tranquilidad. No deja de ser una ironía que justo cuando las señales que emite la economía son las correctas, la política surja como el factor que puede hacer que esta temporada de primavera sea más corta de lo que dice el calendario.

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