1 / 7
Contenidos vistos este mes
Disfrute de contenido ilimitado sin costo
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese
Ya completó los artículos del mes.
Sabemos que le gusta estar informado Disfrute de acceso ilimitado al contenido, boletines noticiosos y más beneficios sin costo.
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese Volver a la portada
Ricardo Ávila
Editorial

Lecciones de una sinsalida

El populismo pasa la cuenta de cobro tarde o temprano, es una enseñanza que deja la compleja crisis que afecta a Brasil por estos días.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
junio 05 de 2018
2018-06-05 09:14 p.m.
http://m.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

Hubo una época no muy lejana en la cual los comentarios entusiastas con respecto a Brasil eran la norma. La combinación de inmensos recursos naturales, un área de 8,5 millones de kilómetros cuadrados, una población que supera los 200 millones de personas y buenos precios de los bienes primarios hacían prever un horizonte despejado para el gigante suramericano. Con el viento a favor, la pobreza cayó de forma notoria y la clase media creció en más de 50 por ciento, confirmando las expectativas al alza.

Lamentablemente, la realidad es otra. El escándalo de corrupción que tuvo como epicentro a Petrobras dejó al descubierto un abominable tinglado en el cual actuaron numerosas empresas, al igual que buena parte de la clase política. El accionar de la justicia permitió el destape de una olla podrida y condujo, incluso, a la detención del expresidente Lula da Silva, quien aún encabeza las preferencias con miras a las elecciones de octubre.

La incertidumbre y la polarización son hoy la norma en la novena economía más grande del mundo. El gobierno de Michel Temer, quien sustituyó a Dilma Rousseff después de que esta fuera destituida por el Congreso en el 2016, trató de impulsar una agenda de reformas ambiciosas, a pesar de su baja popularidad.

En un comienzo, se lograron avances notables que permitieron alentar la esperanza de que se adelantarían los pendientes. La expresión más concreta de lo conseguido es la baja tasa de inflación, inferior al tres por ciento anual, y el recorte en los intereses por parte del banco central al menor nivel en décadas, con lo cual se reactivaron el consumo y la inversión.

Lamentablemente, incluso esos logros están en veremos. La determinación de dejar que el precio de la gasolina refleje el de los hidrocarburos en los mercados internacionales llevó a que el costo del combustible se disparara. Como reacción, los camioneros entraron en paro, pues ya venían con quejas debido a la caída en los fletes como consecuencia de la expansión del parque de carga y la menor actividad económica.

Ante el cese de actividades y el desabastecimiento creciente, la respuesta de Brasilia fue dar marcha atrás. La adopción de un subsidio no solo le costará una suma cercana a los 3.000 millones de dólares al fisco este año, sino que detrás de bambalinas se afectó la rentabilidad de Petrobras, que estaba tratando de hacer borrón y cuenta nueva para dejar atrás sus épocas oscuras. Como resultado, la firma perdió un tercio de su valor bursátil: más de 30.000 millones de dólares.

Los coletazos no se detienen. El real volvió a caer ayer, acumulando un retroceso superior al 15 por ciento en lo que va del 2018. La desconfianza está de vuelta y los cálculos con respecto a la expansión del Producto Interno Bruto están siendo revisados a la baja.

Nadie sabe cómo se resolverá el acertijo, pero es claro que el próximo inquilino del palacio de Planalto no la tendrá fácil. El recorte de los beneficios pensionales sigue pendiente, así como la garantía de estabilidad en las reglas de juego para quien se arriesgue a colocar su dinero en los proyectos de mejora de la infraestructura.

Mientras llegan las respuestas, Colombia debería aprender de las angustias de su vecino. La lección más importante de todas es que el populismo pasa la cuenta de cobro, tarde o temprano. No menos importante es que la mayor garantía de éxito a la hora de intentar hacer reformas es cuando se tiene saldo positivo en la chequera de la favorabilidad ante la opinión. Además, que el público acepta los ajustes, si estos se explican de manera correcta, lo cual exige hacer una buena tarea de comunicación. Tales preceptos deberían ser tenidos en cuenta por Iván Duque y Gustavo Petro. Si no lo creen, que se fijen en la sinsalida brasileña.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado