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Ricardo Ávila
Editorial

Llegaron los halcones

La línea dura se hace cada vez más notoria en el gobierno de Donald Trump, y Colombia va a tener que jugar sus cartas en un ambiente más difícil.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
marzo 13 de 2018
2018-03-13 09:03 p.m.
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Incluso en la época de las redes sociales, parecía estrambótico pensar que un mandatario se deshiciera de su mano derecha por Twitter. Pero eso fue exactamente lo que sucedió ayer por la mañana, cuando un trino de Donald Trump informó la salida del secretario de Estado, Rex Tillerson, y el nombramiento de Mike Pompeo, actual director de la CIA, como su reemplazo. El cambio se dio sin que mediara una llamada al funcionario saliente, quien había logrado construir cierto prestigio en Washington como alguien analítico y moderado.

Sin embargo, más allá de la falta de maneras, lo sucedido confirma que el inquilino de la Casa Blanca está decidido a endurecer el tono de su administración. En el lenguaje coloquial, las palomas están siendo sustituidas por halcones, lo cual quiere decir que aquellos individuos que comparten la visión del mundo que tiene el magnate están aumentando su influencia.

Así quedó demostrado a comienzos de marzo cuando Gary Cohn, jefe del grupo de asesores económicos, renunció, al estar en desacuerdo con la idea de aumentar los aranceles que pagarán el acero y el aluminio que se importen a territorio estadounidense. La influencia creciente de Robert Lighthizer, el representante de comercio norteamericano, y de Peter Navarro, un académico que es consejero comercial, confirman que el nacionalismo es la ideología imperante en el gobierno.

Como si lo anterior no fuera suficiente, el polémico muro en la frontera con México, ha vuelto a la palestra. El viaje del Air Force One ayer a California, con el propósito de que su comandante viera prototipos de posibles barreras, generó múltiples titulares a ambos lados del río Grande.

Frente a lo sucedido, abundan las interpretaciones. Una habla de que la cercanía de los comicios legislativos de noviembre, en los cuales el Partido Republicano puede llegar a perder la mayoría en el Senado, convenció al mandatario de que tiene que agitar las banderas que le permitieron llegar al cargo que hoy ocupa. Una mayor beligerancia en política exterior, sumada a decisiones en contra de la globalización, le caen muy bien a ese segmento de la ciudadanía que comparte la idea de que el resto del mundo se aprovecha de la bondad del Tío Sam.

La otra posibilidad es que Trump decidió retornar a sus raíces, porque quiere hacer las cosas a su manera. La distancia que lo separa de los líderes republicanos es conocida, pues mientras estos son partidarios de la gradualidad y la moderación, el jefe del Ejecutivo es impulsivo. Puede ser, también, que el curso de las investigaciones en torno al papel de Rusia en la campaña electoral pasada, o el juicio de la actriz porno Stormy Daniels, que podría derivar en un llamado a declarar, influyan en la necesidad de desviar el foco de la opinión a otros asuntos.

Sea como sea, el giro aumenta los riesgos, tanto económicos como de seguridad. Una eventual guerra comercial descarrilaría la marcha de un planeta que por fin consigue una tasa de crecimiento cercana al 4 por ciento anual. Tampoco tranquiliza que suban las tensiones en diferentes puntos del globo, o que se deteriore la relación con China y Europa.

En este escenario, Colombia tiene que saber jugar sus cartas. La reciente visita de Tillerson a Bogotá quedó en el pasado, pues ahora la que importa es la del 15 de abril, cuando Trump pise el territorio nacional. La pregunta es si en lugar de comportarse como un aliado comprensivo, el presidente de Estados Unidos se asemeja a un ‘gran hermano’ regañón, que exige resultados contundentes en la lucha contra las drogas y apoya las demandas de la industria farmacéutica sobre los medicamentos o la petición de acabar con la chatarrización que desean las fábricas norteamericanas de camiones.
La posibilidad de que suceda lo segundo y no lo primero, está subiendo.

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