1 / 7
Contenidos vistos este mes
Disfrute de contenido ilimitado sin costo
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese
Ya completó los artículos del mes.
Sabemos que le gusta estar informado Disfrute de acceso ilimitado al contenido, boletines noticiosos y más beneficios sin costo.
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese Volver a la portada
Ricardo Ávila
Editorial

Medio millón, y subiendo

El número de venezolanos que vive en Colombia aumenta sin que exista una política de Estado, que es indispensable.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
enero 23 de 2018
2018-01-23 08:11 p.m.
http://m.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

Y siguen llegando. Esa es la conclusión obvia que surge después de leer el más reciente informe de Migración Colombia con respecto al arribo de venezolanos en Colombia. De acuerdo con el reporte, a finales del 2017 había cerca de 550.000 ciudadanos del país vecino en el territorio nacional, un alza del 62 por ciento con respecto al corte realizado seis meses atrás.

Semejante incremento confirma que el flujo es cada vez mayor, lo cual responde al deterioro de la situación al otro lado de la frontera. Los informes de prensa y los testimonios muestran que la escasez de bienes y servicios esenciales viene en aumento, junto con una política represiva, cada vez más abierta, por parte de un régimen que se quitó la careta que antes le permitía presentarse como una democracia.

Debido a esa circunstancia, la desesperanza abunda y quien se puede ir, se va. Los cálculos extraoficiales hablan de la salida de unos tres millones de personas –que equivalen a una décima parte de la población– en un lapso relativamente breve, aunque hay estimativos todavía más elevados.

Una mirada cercana a los que cruzan la línea limítrofe muestra, sin embargo, que hay tres grupos diferenciables. Las autoridades colombianas hablan, en primer lugar, de una migración pendular que es la más cuantiosa de todas y cobija a aquellos venezolanos que vienen a pasar el día, sobre todo en Norte de Santander. No se trata precisamente de turistas, sino de individuos que suplen necesidades básicas de alimentación o salud, en más de una ocasión vendiendo en el comercio los productos subsidiados que aún se consiguen en su país.

En más de una ocasión, son unos pocos artículos: crema de dientes, jabones, algo de comida. Dado el diferencial entre lo que cuestan en las tiendas en donde el gobierno bolivariano impone el control de precios y lo que estos valen en Cúcuta, alguien puede conseguir lo suficiente para alimentarse y obtener elementos que le hagan falta. Quien lo hace normalmente tiene una tarjeta de movilidad fronteriza cuyos registros ascienden a 1,3 millones de personas de los estados de Táchira, Zulia, Carabobo, Lara y Barinas.

Por otra parte, están los que usan a Colombia como punto de tránsito. El hecho de que cada vez menos aerolíneas cuentan con frecuencias regulares a Venezuela, o la posibilidad de desplazarse al sur del continente por vía terrestre, lleva a que el país sea una especie de escala obligada para quien desea irse a otro lugar. De acuerdo con los datos oficiales, el paso de venezolanos por el puente Rumichaca que nos une a Ecuador subió 600 por ciento entre el 2016 y el 2017. Por su parte, en el aeropuerto El Dorado el número que tomó un vuelo de salida pasó de 130.000 a 177.000 en el mismo lapso.

Por último, en la lista se encuentran los que tienen vocación de residencia. La Cancillería en Bogotá ha hecho lo correcto al establecer un mecanismo para que quienes se quedan, lo hagan legalmente. Esa es la razón del Permiso Especial de Residencia, creado a mediados del 2017, que tiene vigencia de dos años y le ha sido entregado a 69.000 individuos. A lo anterior hay que agregar las 57.000 cédulas de extranjería en posesión de venezolanos, lo cual lleva a concluir que cerca de dos de cada nueve inmigrantes del país vecino posee papeles en regla.

Dicha proporción es baja, por lo cual es deber de las autoridades colombianas insistir en la regularización. Esto no impide los planes de contingencia para poder reaccionar si las cosas se deterioran más, ahora que Nicolás Maduro busca reelegirse.

A este respecto, sería ideal que las distintas fuerzas inmersas en la contienda electoral en Colombia hicieran aparte sus diferencias para ponerse de acuerdo en la que debería ser una política de Estado. Lamentablemente, lo que se ve es lo contrario: oportunismo, mentiras y ganas de aprovechar la miseria ajena para ganar votos. Ojalá seamos mejores que eso.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado