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Ricardo Ávila
Editorial

Mejor de lo que parece

La disminución del desempleo urbano durante mayo significa para algunos analistas que la economía empieza a dejar atrás las épocas más duras.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
junio 28 de 2018
2018-06-28 07:57 p.m.
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A primera vista no hay mucho que celebrar tras la publicación de las cifras sobre el comportamiento del mercado laboral en mayo. De acuerdo con el Dane, el desempleo a nivel nacional se ubicó en 9,7 por ciento, el dato más alto desde el registro del 2012. Así el guarismo siga en un solo dígito, la tendencia hacia el deterioro parece clara.

Sin embargo, la visión de los analistas es positiva. El motivo es que la mayoría de ellos se concentran en los índices de desocupación en los principales centros urbanos. En este caso, el dato fue del 10,1 por ciento, una décima menos que la del mismo periodo del 2017. Aunque el retroceso parece menor, la impresión es que la situación comienza a mejorar después de que la economía experimentó una fuerte desaceleración que lleva varios años.

Los números son elocuentes. En las 13 ciudades más grandes, la cantidad de personas ocupadas subió en 227.000, hasta 10,9 millones. Ese avance es notable, pues la oferta de trabajadores tuvo un aumento rápido que pudo ser absorbido en su mayoría, mientras los indicadores del subempleo mostraron reducciones importantes.

Cuando se observa ese desempeño desde la perspectiva del trimestre móvil –que sirve para hacer menos notorios picos y caídas puntuales– salta a la vista que hay sectores que están creando nuevas plazas. Ese es el caso de servicios sociales, transporte y comercio. El primero puede estar atado al gasto público a nivel nacional y local, mientras que los dos últimos responderían al ligero repunte en la actividad económica.

Al mismo tiempo, la industria y el sector financiero estarían enganchando más gente y también la explicación descansa en el comportamiento de la demanda interna, que se traduce en mejores ventas y más apetito a la hora de pedir créditos. La otra cara de la moneda es la construcción, que sigue de capa caída, como lo confirman los reportes del ramo.

En lo que atañe a la realidad regional, es destacable que el desempleo en Bogotá empezó a descender, así esté lejos de los mínimos de cuatro años atrás. Cali, a su vez, sigue creando nuevos puestos de trabajo, mientras que Barranquilla, Santa Marta y Cartagena se mantienen como las urbes con la desocupación más baja del país.

Medellín, en contraste, da marcha atrás, pues su tasa promedio supera en casi un punto y medio porcentual a la del trimestre febrero-mayo del año pasado. Y no faltará quien ahogue una exclamación al saber que en Cúcuta el desempleo cayó con fuerza a pesar de la alta migración de venezolanos.

No obstante, para que el parte sea mucho más favorable, la condición indispensable es que la economía ande a un paso más rápido. Si bien hay una recuperación con respecto al 2017 y tanto la confianza del consumidor como de industriales y comerciantes volvió a terreno positivo, todavía el repunte es tímido pues la expansión del Producto Interno Bruto seguiría estando por debajo del 2,5 por ciento anual.

Lo anterior implica que para que se cumpla la proyección del 2,7 por ciento que hacen para este año tanto el Banco de la República como el Fondo Monetario Internacional, el segundo semestre deberá superar con creces al primero. La conjunción de altos precios del petróleo, inflación bajo control y tasas de interés en un punto más moderado le ayuda a los buenos augurios.

Por otra parte, el fin de la incertidumbre política debería reactivar las decisiones de compra de bienes e inversión en proyectos que se aplazaron durante meses. Hasta el desempeño de Colombia en el Mundial de Rusia podría influir positivamente para que los engranajes del sector productivo se muevan más rápido. Si ese es el caso, los retoños verdes que empiezan a verse en el mercado laboral encontrarían la posibilidad de echar raíces.

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