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Ricardo Ávila
Editorial

‘No importa quién gane’

Los analistas internacionales creen todavía que un país que ha mantenido su casa en orden, seguirá haciéndolo después del 7 de agosto.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
febrero 14 de 2018
2018-02-14 08:53 p.m.
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A comienzos de febrero no faltaron los analistas que se sorprendieron al observar que un indicador de la percepción de riesgo de Colombia empezó a subir en los mercados internacionales. Se trataba de la permuta de incumplimiento crediticio –más conocida como credit default swap o CDS– que es una especie de prima de seguro, el cual cubre un eventual atraso en el pago de un título de deuda.

Como el país ha sido tradicionalmente cumplido con sus obligaciones, la probabilidad de un siniestro es baja. Aun así, nuestras cifras no son las mejores de la región, ni tampoco las peores, lo cual explica por qué la prima en cuestión es más alta que la de Chile o Perú, e inferior a la de Argentina y Brasil. De hecho, estamos casi a la par de México, algunas de cuyas métricas macroeconómicas se parecen a las colombianas.

En este caso, sin embargo, el salto en un par de semanas de casi 10 por ciento en el precio de los CDS a 10 años, empezó a ser interpretado de manera aislada. Algunos observadores señalaron que el mercado estaba reflejando la incertidumbre con respecto al nombre del próximo Presidente de la República y, en particular, la circunstancia de que Gustavo Petro aparecía encabezando las preferencias de los electores en la más reciente ronda de encuestas.

Semejante impresión se habría disipado con rapidez, al mirar lo que les sucedió a nuestros pares en Latinoamérica. Durante el mismo lapso, la prima para los papeles chilenos subió 22 por ciento, mientras que en el caso de brasileños y peruanos el incremento se acercó al 13 por ciento. En realidad, fuimos los que menos cedimos terreno en esta parte del mundo.

Una vez disipado el polvo, todo sugiere que el retroceso observado estuvo atado a la turbulencia que sacudió a las principales bolsas del planeta. Cuando suceden altibajos fuertes en las cotizaciones de acciones y bonos, los inversionistas optan por la seguridad, lo cual castiga a los mercados emergentes. Dicho de manera individual, aquí nadie estaba inquieto por Colombia, sino por la búsqueda de un buen refugio mientras pasaba el chaparrón.

Lo anterior no quiere decir que la coyuntura política les sea indiferente a los observadores externos. Varios reportes han analizado la campaña electoral y todos coinciden en que la posibilidad de un giro radical es baja. Así lo viene de afirmar un escrito de Fitch Ratings según el cual “no esperamos cambios mayores en el marco macroeconómico por parte del nuevo Gobierno, no importa quién gane”.

Las inquietudes existen, pero son de otra índole. Estas tienen que ver con el desafío de cuadrar las cuentas públicas el próximo año, pues la regla fiscal obliga a que el déficit del sector central se reduzca de forma acelerada. Cumplir ese objetivo en un escenario de estrechez y frente a la necesidad de volver realidad las promesas de campaña, será un dolor de cabeza.

Tal vez el único margen de maniobra lo dará el mayor precio del petróleo. Todo apunta a que los resultados financieros de Ecopetrol para el 2017, que se conocerán en los próximos días, acabaron siendo mucho mejores de lo que se pensaba. Este año pinta todavía mejor si el crudo se sostiene por encima de los 60 dólares el barril. No obstante, el respiro tampoco servirá para enmendar la plana de manera plena, por lo cual la persona que ocupe el Ministerio de Hacienda a partir del próximo 7 de agosto solo tendrá dos opciones: buscar ingresos o recortar gastos.

Que hay confianza en que será posible identificar una salida, es algo que se nota en los CDS de Colombia. A lo largo de los años, el país ha manejado sus asuntos de forma responsable y la esperanza es que ese seguirá siendo el caso. No de otra manera, lograremos que el indicador de riesgo que ahora tenemos se mantenga en niveles normales y aceptables.

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