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Ricardo Ávila
Editorial

Posibilidad en veremos

El potencial de la Orinoquia colombiana en lo que hace a la producción de alimentos es claro, pero no hemos podido convertirlo en realidad.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
julio 10 de 2018
2018-07-10 08:49 p.m.
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Los reportes de los daños han sido esporádicos. Quienes habitan en la zona, sin embargo, sostienen que la emergencia es inmensa. Ayer el propio Alcalde de Puerto Carreño lanzó un SOS para enfrentar los desbordamientos de los ríos Orinoco, Meta y Bita, que dejan centenares de familias damnificadas en el Vichada. La presencia de un número creciente de migrantes venezolanos complica el manejo de una crisis que amenaza con ponerse peor.

La relativa indiferencia con la cual el resto de los colombianos recibe ese llamado de auxilio, confirma que la distancia que nos separa de esa parte de nuestra geografía va más allá de una cifra en kilómetros. Movilizar a la opinión o a las propias agencias gubernamentales es todo un desafío cuando se trata de un territorio con el cual solo existe la comunicación por vía aérea o fluvial, cuando llega la temporada de lluvias. Y aunque eventualmente algunas instituciones harán presencia, lo que queda en el ambiente es que el abandono de siempre, persiste.

Semejante conclusión es relevante a la luz de los planes que hablan de impulsar el desarrollo de la Orinoquia. Esta región, compuesta por 64 municipios ubicados en seis departamentos, abarca una extensión de 380.600 kilómetros cuadrados, que equivalen a una tercera parte del área continental. Por su potencial en lo que corresponde a la producción de alimentos, las miradas de los expertos se concentran en la Altillanura, de 13,5 millones de hectáreas, de las cuales 20 por ciento es apta para el aprovechamiento agrícola, pecuario o forestal.

Cuando a comienzos del 2014 el Conpes se enfocó en plantear una política de desarrollo integral en la zona, el anuncio se recibió con entusiasmo. Tal reacción fue reemplazada por la desilusión tras saberse que la lista de tareas era tan amplia y el número de entidades involucradas tan grande, que la responsabilidad quedaba diluida entre unas y otras. De una financiación calculada en 9,6 billones de pesos, el 95 por ciento consistía en vías de comunicación para las que no existen partidas presupuestales asignadas, con una ejecución que demoraría hasta el 2038.

Y aunque en el Ejecutivo pocos han vuelto a hablar del tema, queda como consuelo que en otros frentes se sigue trabajando. El Centro de Estudios para la Orinoquia de la Universidad de los Andes adelanta una labor con la meta de consolidarse como laboratorio de ideas e iniciativas que fomenten un desarrollo social, económico y ambientalmente sostenible. Por su parte la Universidad de Purdue, en Estados Unidos, es responsable de un esfuerzo que ha tenido el respaldo de instituciones nacionales y que incluye proyectos piloto en materia agrícola o turismo sostenible.

Más allá de entrar a describir los resultados de emprendimientos relacionados con la siembra de cultivos o con el manejo de pastos y las posibilidades de integración vertical con el negocio pecuario, el mensaje central es que hay un buen conocimiento acumulado que permitiría avanzar sobre terreno firme. Dificultades como la calidad de la tierra o el manejo de los ciclos del agua encuentran soluciones prácticas.

Sin embargo, hace falta mucho más liderazgo para que las promesas de la Orinoquia se conviertan en realidad. Aceptando que el gran cuello de botella es la falta de infraestructura vial, el reto es impulsar el desarrollo del área evitando los errores del pasado, especialmente en un lugar en el cual la constante es la debilidad institucional.

Y no se trata tan solo del riesgo ambiental, que exige autoridades fuertes que hagan cumplir las normas. También está el peligro de la violencia o del crecimiento desordenado por cuenta de fenómenos migratorios. Para decirlo de forma coloquial, se ha hecho mucho, pero está todo por hacer. Y el reto que viene, si queremos ser potencia alimentaria, es realizarlo bien.

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