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Ricardo Ávila
Editorial

Vientos de guerra

Las sanciones comerciales anunciadas por Donald Trump, la semana pasada, son una amenaza a la buena marcha de la economía mundial.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
marzo 04 de 2018
2018-03-04 04:16 p.m.
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Mientras en Colombia la atención de la opinión pública se centró la semana pasada en el frente interno, dada la cercanía de las elecciones legislativas y los desafíos relacionados con la seguridad y el orden público, en buena parte del mundo los ojos de los observadores se dirigieron a Washington. Justo cuando una tormenta de viento alteró el desarrollo de las actividades en la capital estadounidense el viernes, una ráfaga huracanada provino de la Casa Blanca.

El motivo fue el anuncio de Donald Trump de imponerles aranceles a las importaciones de acero y aluminio, para proteger la producción nacional. La manera en la cual el mandatario sacó del sombrero la medida, dejó desconcertados a todos. El diario conservador The Wall Street Journal definió lo ocurrido como “la mayor torpeza de la actual presidencia”.

Es cierto que la orden ejecutiva no ha sido emitida, pero los trinos de finales de la semana pasada no dejan dudas. “Cuando un país está perdiendo muchos miles de millones de dólares comerciando con virtualmente cada país con el que hace negocios, las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”, dijo el magnate.

No hay duda de que el argumento es popular entre un sector de la opinión norteamericana que culpa a la globalización de muchos de los males que la aquejan. La impresión de que el resto del planeta se aprovecha de Estados Unidos, que se resigna impávido a ver cómo sus industrias y miles de empleos bien remunerados se van a otras partes, es compartida por millones y explica, en buena parte, la victoria de Trump en las elecciones de finales del 2016.

Sin embargo, durante algunos meses, después de la posesión, se llegó a creer que el ocupante de la oficina oval había entendido que había que hacer sumas y restas antes de lanzarse a erigir barreras. El motivo es que los consumidores acabarían pagando la cuenta si los precios de los bienes manufacturados en el extranjero suben, para no hablar del peligro de disposiciones del mismo tenor en aquellos mercados que adquieren artículos made in USA. Ese juego de toma y dame no deja ganadores y podría descarrilar la marcha de una economía mundial que anda a buen ritmo.

En medio de la calma chicha y a pesar de acciones menores como las de castigar a los fabricantes de paneles solares en Corea del Sur o China, se conocieron las cifras del déficit comercial del año pasado. El saldo en contra subió 12 por ciento, hasta 566.000 millones de dólares, la cifra más elevada desde el 2008, como consecuencia del auge de la demanda interna .

Al considerar que el desequilibrio anotado casi que ridiculizaba las promesas de campaña, la Casa Blanca decidió reaccionar y escogió un sector en el que tradicionalmente se ha hablado de competencia desleal. El exceso de capacidad instalada en el mundo se traduce en acusaciones de dumping, que usualmente llevan a medidas compensatorias en el plano bilateral.

La diferencia en este caso es que ahora se le aplicaría un gravamen del 25 por ciento a las importaciones de acero y uno de 10 por ciento a las de aluminio, sin importar de dónde vengan. Aunque el argumento usado es el de la seguridad nacional, ya se anuncian demandas ante la Organización Mundial de Comercio. A su vez, los industriales que usan esos insumos pusieron el grito en el cielo. Las latas de cerveza, para usar un caso de consumo masivo, tendrían un costo mayor que sería asumido por el público.

No obstante, la verdadera preocupación es que la guerra de la que habló Trump se vuelva realidad. Si se tiene en cuenta que en estos casos se sabe cómo comienzan las hostilidades, pero no cómo terminan, es fácil entender los ceños fruncidos de muchos analistas. Colombia, que también saldría golpeada si viene una ola proteccionista, no puede ser indiferente a lo que está sucediendo.

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