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Elizabeth Tinoco

Trabajo forzoso y explotación sexual

Elizabeth Tinoco
POR:
Elizabeth Tinoco
agosto 20 de 2014
2014-08-20 04:17 a.m.
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Una plaga que la sociedad no ha podido combatir es la del trabajo forzoso y su derivado, la explotación sexual comercial, ni más ni menos que versiones modernas de la esclavitud. Son necesarias medidas exhaustivas y con sentido de urgencia para hacer frente a esta tragedia, que también está presente en América Latina.
Para ir en esta dirección, la OIT aprobó hace pocas semanas un protocolo y una recomendación, instrumentos que refuerzan la normativa internacional sobre el combate al trabajo forzoso y, al mismo tiempo, son un llamado a los países a actuar con más decisión.
Se estima que en el mundo hay 21 millones de seres humanos sometidos a esta forma de opresión, generando ganancias por unos US$150.000 millones al año. La mayor parte, 99.000 millones, provienen de la explotación sexual comercial. En América Latina y el Caribe, 1,8 millones de personas generan ganancias por US$12.000 millones, a quienes los explotan. Casi 90% de la explotación sexual.
Las mayores ganancias vienen de la explotación sexual por su alta demanda, los altos precios pagados, la poca inversión de capital y los bajos costos operativos. El negocio lo controlan mafias que logran enormes dividendos.
El trabajo forzoso doméstico genera US$500 millones en América Latina y el Caribe, y la explotación laboral en otros sectores, US$1.000 millones, principalmente en agricultura, construcción, manufacturas, minería y servicios. La ‘relación de trabajo’ suele basarse en coacción, servidumbre por deudas y trata de personas.
Las cifras están en el informe ‘Ganancias y pobreza: aspectos económicos del trabajo forzoso’ presentado en mayo por la OIT. Los gobiernos y las organizaciones internacionales tienen el reto de redoblar esfuerzos para erradicar esta violación de los derechos humanos y laborales. Las medidas deben ser respaldadas por procesos de diálogo social que involucren a gobiernos, empleadores y trabajadores.
Tras las cifras se esconde un infierno en la vida de millones de personas que sobreviven en pobreza y degradación. Los beneficios obtenidos por los traficantes contrastan con las enormes pérdidas materiales, morales y de integridad física y mental de las víctimas, sus familias y la sociedad en su conjunto. Las familias que sufren pérdidas imprevistas de ingresos y profundizan su situación de pobreza suelen estar expuestas a esta fatalidad.
El informe indica que 55% de las víctimas de trabajo forzoso en el mundo son mujeres y niñas y 44% personas que migraron dentro o fuera de sus países. Es fundamental tener mejores datos sobre la extensión y ubicación en cada país, ya que no hay informaciones nacionales confiables y actualizadas para identificar los factores de riesgo y diseñar estrategias adecuadas.
La OIT exhorta a los Estados a tomar medidas concretas e inmediatas para abordar con disuasión las prácticas de trabajo forzoso y trata de seres humanos, incluyendo el fortalecimiento de la legislación, las políticas y las instituciones de inspección laboral. También es clave combatir la impunidad y aplicar medidas para abordar las razones económicas que promueven esta práctica.
Se necesitan esquemas de protección ante menores ingresos familiares, acceso a educación y formación profesional, medidas que favorezcan la inclusión social, promoción de igualdad de género y mejorar la gobernanza de la migración, entre otras. El trabajo forzoso no puede existir en una sociedad moderna.


Elizabeth Tinoco
Directora de la OIT para A. Latina y el Caribe

 

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