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Emilio José Archila

Los ricos también lloran

Los empresarios se ven severamente perjudicados por los malos gobiernos.

Emilio José Archila
POR:
Emilio José Archila
abril 26 de 2011
2011-04-26 01:54 a.m.
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En una reciente nota de Daniel Samper ( El Tiempo  24 de abril del 2011) se lee que muchos cacaos demuestran que ética y negocios se oponen: critican al Estado, pero lo corrompen, y sólo piensan en aumentar sus ganancias. Estoy en desacuerdo.

Los empresarios en general ,y en particular los más ambiciosos, se ven severamente perjudicados por los malos gobiernos y más críticamente afectados por los desmanes que deja la corrupción.

La diabólica caricatura que pinta a los empresarios colombianos al asecho de que los corruptos acaben con las instituciones para recoger las cenizas y sacar provecho o que, en el mejor de los casos, los imagina indolentes a lo que se ha venido descubriendo, ya que sus intereses se mantienen intactos mientras el resto nos ahogamos en la inmundicia de los carruseles, no es más que un mal chiste.

Lo mismo aquí que en Uganda y en Suiza, así como en Estados Unidos, para que los negocios puedan crecer y generar grandes utilidades de manera sostenible es preciso contar con el Estado, ya que sin este es imposible que se den los supuestos para la prosperidad de las empresas, que pueden resumirse en: (I) respeto a la propiedad privada, en su sentido amplio que cobija la exigibilidad de los contratos; (II) la existencia y aplicación de ‘la regla de derecho’ en particular a la libre empresa y la competencia; (III) predictibilidad y estabilidad en las reglas de juego, sobre todo las laborales en sentido extenso y tributarias; y (IV) adecuada infraestructura. Los poderosos saben de esto mucho más que nosotros. Con todo, sí existe una gran diferencia entre Uganda, Colombia, Suiza y los Estados Unidos de América: mientras que en los países desarrollados esas condiciones son un supuesto que se logró institucionalizar hace más de un siglo, en Uganda y en nuestro amado país, esas cuatro condiciones dependen del gobernante.

Una de las brechas más severas entre las naciones desarrolladas y las que no lo son radica en que en las primeras las reglas, la tradición, la jurisprudencia, las expectativas de los ciudadanos, la prensa, la academia o el pudor (…) hacen que sea muy difícil que las cosas se salgan de su curso normal, que las desviaciones sean significativas o, sobre todo, que no sean corregidas severa y prontamente.

Mientras tanto, en nuestro trópico lo exótico es que algo se haga como se pensó y, más raro aún, que si se hace bien se continúe por ese camino por más de un “Gobierno”. Ahora, esa misma realidad, vista por el lado amable, también implica que en Uganda y en Colombia un buen gobierno tiene un gran margen de acción para mejorar las cosas, para avanzar en la dirección correcta, para corregir lo que viene mal. Un buen servidor público puede hacer la diferencia. Con esa seguridad, nuestro empresariado ha estado atento al desenvolvimiento del sector público y no ha sido manco al momento de brindar apoyos y soportes.

Basta para convencerse de ello notar lo que han significado las cámaras de comercio en todas las regiones del país y lo decisivos que en muchos momentos han sido los pronunciamientos de dirigentes gremiales y líderes empresariales. Aún hay mucho que aprender, pero eso será materia de una siguiente nota.

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