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La psicología del empresario

Al empresario le gustan los desafíos, pero no es un jugador.Prefiere confiar en sí mismo y en su tra

Enrique Ogliastri
POR:
Enrique Ogliastri
diciembre 21 de 2010
2010-12-21 02:06 a.m.

El espíritu empresarial se desarrolla en quienes han estado acostumbrados desde pequeños a hacer las cosas por su cuenta, tratados como seres independientes, responsables de sus actos, y de quienes se esperan grandes cosas; estas personas han desarrollado un sentido de ser alguien especial, distinto. En la psicología de los empresarios está el deseo de éxito, de lograr resultados extraordinarios. A diferencia de una creencia muy generalizada, el empresario no toma grandes riesgos: prevé cuidadosamente probabilidades futuras, se cubre y arriesga moderadamente.

 

Al empresario le gustan los desafíos, pero no es un jugador, prefiere confiar en sí mismo y en su trabajo. Orientado al largo plazo, suele plantearse objetivos muy ambiciosos, y está continuamente pendiente de los resultados de sus acciones, quiere tener retroalimentación y el dinero es un indicador de que las cosas van bien.


Los empresarios suelen ver la vida en términos de objetivos (suyos), ven los obstáculos (internos y externos) para alcanzarlos, analizan los recursos (apoyos) con que cuentan y entonces hacen un plan realista.Además, nunca están enteramente contentos, siempre hay algo mejor por hacer, creen que siempre se pudo obtener más. Suelen ser personas que toman crédito por los éxitos y también responsabilidad por lo que salió mal (no culpan a otros ni lo achacan a la mala suerte), y especialmente aprenden de sus fracasos, son persistentes ante la adversidad.

 

El empresario suele ser innovador, pero no un artista perfeccionista; se sabe relacionar bien, pero su objetivo no es tener muchos amigos: en negocios o trabajo busca al experto, no al amigo.


Estas personas suelen ser muy exigentes consigo mismas y con los demás. Esto tiene muchas virtudes, pero también es fuente de problemas. Los empresarios no suelen ser buenos ejecutivos por su espíritu absorbente y cuidadoso de los detalles, porque no premian suficientemente a quienes hacen un desempeño normal, porque suelen ser posesivos y lo quieren hacer todo. Pueden ser muy críticos y así desestimulan a sus colaboradores; lo mismo les puede pasar en casa con sus hijos, lo que es doblemente negativo por cuanto no van a crear sucesores.


La propagación del espíritu empresarial en la familia, estudiada en el proyecto Step, es importante por la alta tasa de fracaso de las empresas familiares entre una generación y otra. El problema es que el empresario no siempre consigue que sus hijos o hijas crezcan lo suficiente, los ahogan con sus demandas excesivas y poco refuerzo y aprobación.

 

Otro problema patente ocurre cuando los hijos crecen en la abundancia, consentidos y acostumbrados a tenerlo todo sin ganárselo, malgastan la fortuna familiar y quiebran la empresa. Por ello muchas empresas familiares deben recurrir a ejecutivos externos, con una psicología muy diferente a la del empresario. Se necesita una gran dosis de visión y sabiduría para entregar su empresa a administradores profesionales, externos a la familia, lo que indudablemente es preferible a que se acabe la empresa.
 

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