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El valor compartido

La ola invernal –coletazo del calentamiento global– aunada a la deficiente gestión de los recursos n

Fernando Martelo
POR:
Fernando Martelo
febrero 09 de 2011
2011-02-09 12:35 a.m.

Resulta por lo menos coincidente que una nueva encuesta realizada por el Foro Económico Mundial revele que sus miembros ven la ampliación de las desigualdades como uno de los dos principales riesgos globales en la próxima década y que por eso la revista Economist dedique una edición al tema en la semana del encuentro en Davos.

Y más coincidente aún es que la Harvard Business Review publique, con el titular en la portada, ‘Cómo corregir el capitalismo’, la más reciente elucubración de Michael Porter, donde anuncia que “llegó el momento de una nueva concepción del capitalismo; las necesidades de la sociedad son grandes y crecientes, mientras que los clientes, los empleados y una nueva generación de jóvenes están pidiendo que las empresas den el primer paso para abordarlas”. Propone que “la solución está en el principio del valor compartido, que involucra crear valor económico de una forma que también cree valor para la sociedad al abordar sus necesidades y desafíos. Las empresas deben reconectar su éxito en los negocios con el progreso social. El valor compartido no es responsabilidad social ni filantropía y ni siquiera sustentabilidad, sino una nueva forma de éxito económico”.

En abierta confrontación con Milton Freeman, afirma que “el propósito de la corporación debe ser redefinido: es la creación de valor compartido, no sólo las utilidades per se”.

Porter, quien ya había publicado serios trabajos sobre la RSE y la filantropía estratégica como elementos generadores de ventajas competitivas para las empresas, estaría respondiendo hoy a las plegarias de Bill Gates en el Davos de 2008, cuando en su intervención inventó el término capitalismo creativo: “yo soy un optimista impaciente. El mundo puede estar mejorando, pero no lo está haciendo suficientemente rápido y no está mejorando para todo el mundo”.

Sin duda estamos en la era en que, “las empresas deben asumir el liderazgo para volver a unir los negocios con la sociedad” y dar el paso adelante para disminuir más rápidamente las desigualdades.

Así parece haberlo intuido el nuevo Gobierno al poner a Samuel Azout, empresario y filántropo de primer orden, como Alto Consejero para la Prosperidad Social, el hombre encargado de izar la bandera en la estación final de las locomotoras. Él ya venía hablando de “alinear la actividad de la empresa y los fines financieros con fines sociales o ambientales”. Su presencia es una invitación del Estado para que encontremos vínculos y alianzas entre el sector productivo grande y pequeño, los trabajadores y campesinos, y las organizaciones de la sociedad civil, y así todos seamos parte de la solución al problema de la inequidad social con las herramientas de este nuevo capitalismo.

Todo apunta a que este es el momento de volvernos impacientes como Bill Gates.

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