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Francisco De Paula Gómez
coyuntura

Transparencia, corrupción y salud

El Sistema de Salud está lleno de claroscuros que si se fueran mostrando, iría imposibilitando muchas de las malas prácticas actuales.

Francisco De Paula Gómez
POR:
Francisco De Paula Gómez
enero 03 de 2017
2017-01-03 01:21 p.m.
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Corrupción y falta de transparencia en asuntos relacionados con salud, son temas de los que todo el mundo tiene algo que decir, pero en voz bajita, y de los que nadie se atreve a hacer señalamientos en específico debido a los onerosos costos personales que podrían llegar a tener. Es como un secreto a voces sobre el que me atrevo a decir que, quizá pesa más dentro de las frágiles finanzas del sistema de salud que muchos otros problemas a los que infructuosamente se les han dedicado años. Aunque a muchos no les guste oírlo, la corrupción pareciera carcomer todos los niveles del Sistema de Salud, y estamos más que pasados de emprender una verdadera cruzada para comenzar a hacer algo al respecto.

El término corrupción viene del latín corruptio, palabra que evoca una acción conjunta para romper en pedazos. Es pues, una acción de dañar, de pervertir algo, y según la Real Academia de la lengua, es una forma viciosa, esto es, establecida con el fin de perpetuarse en el tiempo.

Colombia como país viene dando señales inequívocas de ir empeorando en asuntos relacionados con transparencia, y las señales de corrupción general se han ido haciendo cada vez más patentes: En 2007 Colombia ocupaba el puesto 68º en el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) realizado por Transparency International, pero para 2015 el país ocupaba ya el lugar 83º entre 167 países -utilizando metodología y universo de países similares-. Para contrastar mejor la situación, estamos a la altura de países como Benín, China, Liberia y Sri Lanka, y por debajo de naciones que en el pasado tenían históricamente mayores problemas, como Zambia, Túnez, Burkina Faso y Brasil que ocuparon el puesto 76º.

Y el ejemplo debería empezar por casa. Revisando el Índice de Transparencia de las Entidades Públicas (ITEP) de Transparencia por Colombia de 2015, del total de 85 entidades evaluadas, puede decirse que las siete entidades de salud que participaron de la evaluación salen entre regular y mal libradas, pues el mejor calificado fue el Invima con un riesgo moderado de corrupción en el puesto 14º, y el peor de los evaluados fue el Instituto Nacional de Salud en el puesto 77º con un riesgo alto de corrupción; el Ministerio de Salud ocupó el puesto 23º y la Superintendencia el 33º. Como dato y solo para confirmar la mala reputación que arrastran, el Consejo de la Judicatura, el Senado de la República, y la Cámara de Representante ocuparon los puestos con mayor riesgo de corrupción de todo el grupo de entidades estatales evaluadas, 83º, 84º y 85º respectivamente.

Con el grado de politización reinante hoy y los escándalos por corrupción que han venido mostrándose día tras día en los medios, no cuesta mucho imaginarse en qué lugar del escalafón ITEP pudieran quedar muchas Secretarías de Salud Departamentales y Municipales, muchos hospitales públicos, y muchos otros organismos relacionados con el sector que hoy no hacen parte de la medición de Transparencia.

Recordemos que los concursos de méritos para elecciones de gerentes de los hospitales públicos o Empresas Sociales del Estado cargan desde hace años centenares de investigaciones de la Procuraduría por supuestos favorecimientos, y al parecer por la extendida práctica de compra y venta de resultados para esos cargos. Ha sido tan grave la situación y de tan difícil solución, que el Gobierno optó porque fueran directamente los alcaldes quienes nombren en adelante y de una vez a sus favoritos.

De otra parte, la contratación en todo tipo de entidades, con sus intrincadas y rígidas reglas se suponía que sería vehículo ideal para organizar los diferentes aspectos relacionados con la atención sanitaria; sin embargo las denuncias por contrataciones amañadas, pagos de coimas, arreglos previos de pliegos, favorecimientos, cláusulas a la medida, etc., parece que se va volviendo cosa normal, tal como nos lo muestran las noticias a diario.

Las EPS públicas se han venido liquidando ‘casi que silenciosamente’, pero no cabe duda que fueron sus graves desgreños administrativos y malos manejos los que dieron al traste con las mismas, arrastrádose por derecha miles de millones de pesos de la salud que se perdieron.

La falta de transparencia cuando no fomenta la corrupción, por lo menos la facilita. Flaco favor se le hace a la transparencia cuando no se publica información crítica que todos debieran conocer. Tres ejemplos ilustran el punto: hace unos años la Superintendencia de Salud publicó de manera sistemática los estados de resultados y la condición financiera de EPS y hospitales públicos, pero esa práctica fue fugaz y hoy por hoy es imposible encontrar esa información actualizada de manera expedita en ningún portal oficial; el Invima tampoco publica las evaluaciones de calidad y seguridad de medicamentos y dispositivos médicos de forma completa, información que fundamental para cualquier profesional que prescribe estas tecnologías médicas y que en Europa y Estados Unidos es de dominio público; ahora, conocer el comportamiento del presupuesto del Sistema de Salud es una labor para iniciados que le hace imposible a cualquiera consultarlo en la página del Ministerio de Salud. El Sistema de Salud está lleno de claroscuros que si se fueran mostrando, iría imposibilitando muchas de las malas prácticas actuales.

La corrupción dentro del Sistema le quita ingentes recursos a la Salud, mejor dicho, a las personas que son en última instancia la razón de ser del sistema. Ya es tiempo que empecemos a hablar y a hacer seriamente de estos temas.

Francisco De Paula Gómez,
Experto en Economía y Salud Pública.

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