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Germán Eduardo Vargas
columnista

Gestión refractiva

La gerencia visual realimenta el desempeño para afianzar el logro de la visión, motivado por cerrar ese ciclo, y alinear esfuerzos.

Germán Eduardo Vargas
POR:
Germán Eduardo Vargas
febrero 13 de 2018
2018-02-13 09:00 p.m.
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La gerencia visual realimenta el desempeño para afianzar el logro de la visión, motivado por cerrar ese ciclo, y alinear esfuerzos. Veamos cómo mejorar nuestra óptica de las relaciones laborales. Ahora que coexisten nuevas generaciones con la perspectiva de antiguos patrones, usemos el prisma de las analogías –construidas a partir de la economía, sicología y, en especial, ingeniería óptica– para ilustrar, descomponer y comprender fenómenos que observamos en gestión.

Desde este enfoque, la selección es una ilusión; este concepto hace referencia a cualquier distorsión, en nuestra percepción o cognición, que otorga un aspecto mágico a lo que analizamos, atrayendo nuestra atención. Tales deformaciones se originan en la proyección del objetivo; como evidencia, revise cualquier muestra de ofertas laborales: sus requerimientos idealizan nuestras búsquedas, olvidando que las organizaciones –cuanto menos antes de la cuarta revolución industrial– son esencialmente sistemas humanos.

Así, perdemos claridad sobre cuáles perfiles son suficientes, maximizamos nuestras expectativas y dispersamos una lista de deseos que configuran personajes ficticios, como El hombre increíble, Wonder Woman o Superman. Aunque reconozcamos que aquello que pedimos no es coherente con lo que ofrecemos, o que nuestra lente está mal calibrada, ostentamos el súper poder de la visión láser, de manera que cada filtro de este experimento refracta candidatos porque descubrimos divergencias en la percepción que tienen de sí mismos, la que procuran proyectar de manera intencionada, y la que tiene su entorno. Durante las entrevistas los aspirantes emiten orgullo, irradian logros y sobrevaloran sus virtudes (también maquillan sus defectos y desaciertos). Con esta silenciosa complicidad, habiendo reflejado nuestras carencias, atribuimos a la persona elegida la calidad de ‘iluminada’, y le otorgamos la responsabilidad de resolver todos nuestros problemas.

Tras la vinculación, tarde o temprano este asimétrico juego de estrategia termina dejando expuesto al empleado al imperfecto libre mercado. Es posible que aquel grandioso lugar para trabajar con el que soñaba no fuera tan diferente a la experiencia a la que había renunciado, o su rutina le parezca ajena a la poética descripción del cargo. Aquí es donde se ponen a prueba sus intereses y propósitos, valores como el compromiso y la responsabilidad, competencias como el manejo de la frustración y la capacidad de tomar decisiones bajo presión. Parafraseando a Heinrich Lübk, expresidente alemán, “¿dejaremos de valorar la luz porque produce sombras?”.

Si han convenido que se trata de una interferencia constructiva, su proceso de desarrollo mejorará las posibilidades de éxito de la relación laboral, aunque no se puede prometer en qué lugar estará su carrera en determinado momento, por el principio de incertidumbre de los negocios. En contexto, emergen otras afecciones, como el ensordecimiento ocasionado por el ruido externo, la hipermetropía con la que se infravalora el talento que tenemos, y la miopía de su potencial.

No parece casual la conjugación o similitud, temporal o espacial (próxima o remota), que integra el haz verbo-abreviatura lead (liderar) y led (iluminación eficiente y sostenible).

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