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Germán Umaña Mendoza
columnista

Paz y desarrollo sostenible

Colombia ha vivido en democracia un proceso electoral que significó el ascenso en la participación de los movimientos independientes y de izquierda.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
mayo 30 de 2018
2018-05-30 08:59 p.m.
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Colombia ha vivido en democracia un proceso electoral que significó el ascenso en la participación de los movimientos independientes y de izquierda. En el Congreso, los verdes crecieron, el Polo se mantiene, los Decentes participan por primera vez en esta institución, y como resultado del Acuerdo de paz, las Farc tendrán unas curules en un número nada despreciable. Sin embargo, nadie podría afirmar que sin alianzas estos movimientos generarán pesos y contrapesos suficientes que permitan proponer o aprobar cambios de fondo en las leyes y en las instituciones, y ni siquiera convertirse en los líderes de la defensa de los acuerdos de paz.

Por otra parte, el Centro Democrático, acompañado por Cambio Radical, el partido de los liberales, liderados por Gaviria, los sectores cristianos y, en general, toda la clase política tradicional, podría formar una alianza que se puede constituir en una aplanadora en la toma de decisiones legislativas en el Congreso. Falta ver cuáles serán los acuerdos que se logren para respaldar o no las propuestas que desde el Ejecutivo se produzcan en materia económica y social, especialmente frente al perfeccionamiento de los acuerdos de paz, la redistribución del ingreso, la reforma tributaria, la cuestión agraria y la promoción de las inversiones en ‘commodities versus el desarrollo sostenible’, y en la defensa o deterioro del medioambiente.

Ahora, debemos votar por Petro o Duque. El primero, parte con 4,9 millones de votos, y Duque con 7,6 millones. Uno podría decir que los cinco millones de votos de la coalición que promovió a Fajardo, son en verdad una incógnita. Los que votaron por Vargas Lleras son abrumadoramente de Duque. Los electores del Polo, los verdes y sectores de intelectuales se inclinarían por Petro, en algunos casos, a pesar de sus diferencias. Los desilusionados con los resultados de la candidatura de Fajardo (que fue derrotada, no ganó) seguramente: o votarán en blanco o se unirán a la votación de Duque o engrosarán la abstención. En esa población estará el futuro de la Presidencia de la República.

Si gana Duque, sus propuestas tendrán una amplia posibilidad de llevarse a cabo con el apoyo del Congreso. Es curioso: cuando creíamos que con la paz iríamos en el camino de una mayor justicia social y se producirá un ‘tatequieto’ a los más poderosos, ocurrirá lo contrario y hasta será posible vaticinar un retroceso en el camino a la igualdad. Si gana Petro, el país reflexionará sobre su futuro por cuatro años. Las reformas progresistas tendrán graves dificultades para su aprobación en el Congreso. Sin embargo, el riesgo de profundización de la inequidad se diluirá y posiblemente algunas de las propuestas sobre desarrollo y equilibrio entre sostenibilidad y crecimiento, se mejorarán frente a las condiciones actuales. Será un gobierno de transición, donde los temas del cumplimiento y avance en los derechos fundamentales estarán en el centro del debate. Yo decidí ya mi voto, y que en paz definamos con tranquilidad el futuro y, no una aplanadora que nos devuelva en la historia, hacia una mayor desigualdad y a la guerra. Usted, querido lector, haga lo que quiera, pero no se le ocurra votar en blanco o abstenerse, sería un ejercicio de soberbia y megalomanía, profundamente antidemocrático.

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