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Germán Umaña Mendoza

Ser libre pensador: qué vaina

Sí, eso de pretender ser libre pensador condena muchas veces a la soledad o simplemente a recibir pa

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
marzo 24 de 2011
2011-03-24 03:31 a.m.
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Eso de expresar las opiniones, dizque sobre el análisis no parcializado de los hechos con independencia de los dogmas o las presiones de determinadas tendencias políticas, filosóficas o ideológicas, no deja de ser complejo. Y es que a uno le pasa por posar de independiente.

Por ejemplo, si alguien accede al poder con un ideario político prestado y unos electores que se imaginan que nada va a cambiar y, una vez en el gobierno, sorprende a todos los que se suponían que no pensaban como él y promueve el equilibrio entre los poderes públicos, piensa en cómo solucionar la pobreza, los conflictos de tierras, en la reparación de las víctimas e incluso en equilibrar privilegios disminuyendo los de los más favorecidos, pues la verdad, por sus hechos, habrá que decir que lo está haciendo bien, aunque manteniendo la distancia, no sea que vuelva por sus ‘pasos perdidos’. Los que dirán lo contrario son los que lo eligieron pensando que todo seguiría igual. Eso es problema de ellos.

Pero si uno lo dice, los amigos bienintencionados de la derecha inmediatamente lo encasillarán, ya que ellos son los propietarios de estar permanentemente conectados con el establecimiento, provengan de donde provengan, y siempre piensan, adulan y alaban al príncipe de turno. A cualquiera que les diga algo positivo lo ven como un enemigo potencial o un aspirante a comerse una tajada del pastel. Tengo que decirles que el verdadero libre pensador no se vende.

Eso sí, si son los amigos que uno tiene en la izquierda más ideologizada, a quienes tengo que decir me une en la mayoría de los casos un afecto entrañable, olvidarán de inmediato los ejemplos de vida y de coherencia del libre pensador y lo tacharán de traidor a la revolución, o a la causa, cuando lo que realmente deberíamos continuar compartiendo es un proyecto en el que los intereses globales de la sociedad se encuentren por encima de los privados o de los grupos particulares, que abusan de su posición dominante, vengan de donde vengan. ¡Ojo! No estoy diciendo que acaben con la propiedad privada.

Sí, es verdad, aspiro a ser un librepensador, aunque conozco los costos sociales de pretender ser coherente con el análisis de lo que realmente se ve. Rechazo actuar por amiguismo, ideologiscismo, grupismo o partidismo. No deseo ser parte de ninguna masa informe o uniforme. No hay nada más triste que lo califiquen a uno ‘como uno de los nuestros’. 

No, no se puede ser incondicional con la corrupción que se observa en la derecha y quizás, por lo que se pregona, mucho menos en la izquierda. Pero hay que tener incluso más cuidado con los mesías y fanáticos que condenan o absuelven con el hígado y sin pruebas. Esos son los peores enemigos del libre pensamiento. Ahí están los inquisidores que ponen en la picota pública a sus enemigos ideológicos y políticos, y exoneran a otros que con ellos comparten pensamiento, aún de los peores delitos.

Sí, eso de pretender ser libre pensador condena muchas veces a la soledad o simplemente a recibir palmaditas en la espalda cuando casualmente se está de acuerdo con lo que alguien piensa. Lo contrario es renunciar a la independencia y ser ‘voluble como los corazones’.

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