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Germán Umaña Mendoza
columnista

Mentiras y falacias

Es necesario retornar a la aplicación de valores fundamentales que han sido parte de nuestro patrimonio intelectual y académico.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
enero 31 de 2018
2018-01-31 09:20 p.m.
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Ciertos partidos y movimientos opuestos al proceso de paz suscrito con las Farc insisten en la necesidad de modificar los acuerdos y hacen de ello su principal propuesta frente a las elecciones presidenciales. Bajo ese manto, se cubren en los comicios para el Congreso gran número de los ‘señores de la guerra’, herederos de la ‘parapolítica’, que se lucraron con el conflicto y continúan promoviendo la permanencia de la tragedia, pues se resisten a perder sus privilegios y los beneficios obtenidos por la violencia y la inclemente expoliación.

Y, muchos nos preguntamos sobre ese absurdo. ¿Nos encontramos dispuestos a seguir discutiendo y haciéndoles el juego a tan injustos, violentos, falaces y mendaces argumentos? Basta ya, no somos una sarta de minusválidos mentales. No les permitiremos que continúen destruyendo el futuro y la esperanza. Es necesario desenmascarar lo que se esconde bajo su discurso de guerra.

En consecuencia, se hace necesario retornar a la aplicación de valores fundamentales que han sido parte de nuestro patrimonio intelectual y académico, legado de nuestros maestros y del ejemplo de vida de su diario transcurrir. Asimismo, promover los principios de los que coincidimos en la necesidad de rescatar una sociedad más humana para la defensa y aplicación de los derechos humanos fundamentales: la vida, la educación, la salud, el trabajo digno y la cultura, esencial para contribuir a la creación de una sociedad menos excluyente e injusta.

Hemos asistido en las últimas décadas a la imposición de un modelo de globalización sin rostro humano, en el cual el único objetivo es el crecimiento, con una seguridad jurídica cuasi absoluta, favoreciendo los intereses del capital transnacional que atenta contra la sostenibilidad de nuestros páramos, el agua, los bosques y que nos condena a una economía extractiva, no renovable, sin futuro, y que, día a día, nos conduce a una mayor desesperanza.

Como respuesta a tamaño absurdo, desde la sociedad civil, sus organizaciones, académicos e investigadores de las ciencias sociales, entre ellas, la economía, se ha planteado, desde y en democracia, crear un nuevo modelo de desarrollo sostenible, que internacionalice la cooperación y promueva economías a escala que generen círculos virtuosos de equidad y que evolucione, sin populismos, hacia una equilibrada distribución del ingreso.

El orden de los factores no altera el producto. Por ejemplo, se debe reorientar la política fiscal eliminando subsidios y parafiscales para los privilegiados, y con ellos reasignar el gasto para desarrollar un marco legislativo adecuado que contribuya a una verdadera ley de tierras y desarrollo del campesinado, al trabajo digno, al fortalecimiento de los sistemas pensional y de salud.

Un modelo de desarrollo que ayude superar los tremendos índices de desigualdad, permita incorporar a millones de colombianos a los sectores productivos, con trabajo digno, genere las bases para lograr el acceso universal a la educación pública, a la promoción del desarrollo científico, tecnológico, a la innovación y el emprendimiento, una sociedad ‘donde ser joven pague’, sin inventos excluyentes para favorecer los intereses de los que consideran que la educación es una mercancía. Y, uno se pregunta ¿permitiremos que continúen engañándonos con los falsos dilemas entre la guerra y la paz?

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