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Gilberto Caicedo Gardeazábal

Falsos profetas

Gilberto Caicedo Gardeazábal
POR:
Gilberto Caicedo Gardeazábal
enero 24 de 2014
2014-01-24 01:01 a.m.
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Son muchos los casos registrados de pastores con inmoralidad sexual, líderes religiosos enriquecidos con la fe, incluidos los atroces actos en la Iglesia Católica como los de sacerdotes pederastas y la infame idolatría.

Ahora, cuando agobia el concubinato político-religioso del Movimiento Político Mira, la señora María Luisa Piraquive, quien se adueñó de una iglesia hace 18 años y recurre a la intimidación miserable de sus seguidores, tergiversa el alcance para nuestros días de un pasaje bíblico con el fin de discriminar a los discapacitados en sus anhelos de llevar el evangelio.

También consterna que el aparente enriquecimiento de los promotores de esta iglesia originadora del Movimiento Político pretendiera pasar desapercibido.

Un caso igual de aterrador vimos en el 2007, cuando en una secta denominada ‘Creciendo en gracia’ –con sedes en 13 países, incluido Colombia– su líder, José Luis Miranda, misteriosamente muerto en el 2013, se proclamaba como el ungido de Dios, señalándose a sí mismo como Jesucristo Hombre.

Confesó, incluso, que inducía a sus miles de seguidores a tatuarse con el 666.

En la carta de Judas, aquellos infiltrados y falsos sacerdotes, pastores o líderes religiosos sin vergüenza, que solo se preocupan por sí mismos y que engañan a la gente por dinero, tarde o temprano perecen en su propia rebelión, porque están doblemente muertos cuando negaron la fe en Jesucristo con sus propios actos y doctrinas. Resalta el evangelio: ¡qué aflicción les espera!

Lastimosamente, estas situaciones son esperadas, con ansia, por los mal llamados librepensadores de la línea atea para insultar, desde su amargura, el verdadero mensaje cristiano que tan horrorosamente viene siendo perseguido desde la misma génesis del evangelio.

Pero el creyente debería apartarse de aquellos que se autodenominan públicamente ungidos únicos, de los que se jactan de tener una investidura divina y exclusiva para declarar verdades absolutas, preciándose como únicos conocedores de la Palabra y su interpretación.

La regularidad de la lectura de las Sagradas Escrituras, para acercarse personalmente al conocimiento profundo de Dios, sin sucumbir en caducas o descontextualizadas interpretaciones, evitaría, hasta cierto grado, caer en la manipulación de aquellos falsos profetas que suelen aprovecharse de la ignorancia para satisfacer sus non sanctas intenciones.

Es legítima la desconfianza y el escepticismo de las personas ante la desvergüenza vista en algunos cuantos líderes religiosos, pero esas circunstancias no pueden ser la excusa para alimentar su indiferencia con ese Dios bueno que existe, para no congregarse, ni, mucho menos, para alejarse del camino, la verdad y la vida (Juan, 14).

Por otro lado, el Gobierno Nacional debe promover una legislación clara que propenda por una rendición pública de cuentas que fomente transparencia en las iglesias, independientemente de su credo, así como en fundaciones u organizaciones receptoras de donaciones, ya que el secretismo financiero nos lleva a las épocas del nefasto oscurantismo religioso que padeció la humanidad.

Gilberto Caicedo G.

Consultor corporativo

gcaicedog@yahoo.com

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