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Gonzalo Gallo González
columnista

Todo depende de tu actitud

Casi siempre usamos un lenguaje que nos sirve para eludir nuestra responsabilidad.

Gonzalo Gallo González
Opinión
POR:
Gonzalo Gallo González
agosto 11 de 2017
2017-08-10 08:48 p.m.
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Conviene conocer una interesante investigación del doctor David Spiegel, de la Universidad de Stanford, realizada con mujeres desahuciadas de cáncer para ver qué efecto tenía en ellas su estado anímico y su actitud. Las que recibían apoyo emocional, afectivo y eran positivas vivían en promedio dos años más que las demás. Este estudio corrobora todo lo que se sabe sobre la unidad perfecta entre el alma, la mente y el cuerpo. Por eso, los buenos médicos y las enfermeras excelentes dan vitaminas de fe, esperanza y amor a los pacientes. Saben que la salud depende del estado espiritual y emocional, y se consagran a sonreír, estimular, dar afecto y apoyo. No solo en las clínicas, sino también en las casas y las empresas se necesita una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Y esas iniciales también pueden leerse así: ‘Unidad de Cariño Intenso’ o ‘Unidad de Compasión Ilimitada’. Felicito a tantas enfermeras y médicos humanitarios.

Un sicólogo deportivo llamado Robert Singer, dice lo siguiente con base en una experiencia de años: “Solo se autorrealiza quien se entrega a una actividad satisfactoria con amor y motivación intrínseca”. Según este estudioso, los atletas soportan lo indecible cuando están enamorados de lo que hacen. La pasión les ayuda a afrontar las pruebas con renovada energía, con una constancia infatigable y sin aires derrotistas. Es muy importante que te guste lo que haces, pues así tienes siempre razones para ir más allá.
Asume tu trabajo con amor y pasión, con entusiasmo y con ganas de servir y dejar una buena huella en este planeta. Haz todo comprometido con su labor y descubre vetas de oro en donde los negativos y los mediocres solo ven oscuridad. Ánimo, tú modelas la realidad con tu actitud y eliges hundirte con los problemas o inspirarte en ellos para volar.

Si te dedicas a analizar y mejorar tu lenguaje, notarás cambios positivos en tu modo de pensar y de vivir, en tu actitud. Los ejemplos abundan, como este: ‘me duele la cabeza’. Lo correcto es decir: ‘Yo hago doler mi cabeza’, o sea, es mi responsabilidad. Otro: ‘se me fueron los frenos’, cuando debes reconocer: ‘yo no fui cuidadoso con los frenos y por eso fallaron’.

Casi siempre usamos un lenguaje que nos sirve para eludir nuestra responsabilidad, como al decir: ‘a uno se le olvida’. Lo apropiado es decir ‘yo lo olvidé...’. Las expresiones ‘fue que’, ‘es que’ y ‘se me’, son un reflejo de eso, y si las evitas te apersonas y dejas de lado las excusas. Dices ‘es que se me cayó’, cuando debes decir: ‘yo lo dejé caer’; afirmas ‘fue que se me rompió’, en lugar de reconocer: ‘yo lo rompí’. Dile a alguien ‘recuerda eso’, en vez de decir ‘no lo olvides’. Di ‘tengo una casa y un carro’, no empequeñezcas la vida diciendo casita y carrito. Di ‘voy a trotar’, en lugar de afirmar ‘yo trotaría’. Di ‘nunca’, en vez de mentir diciendo ‘un día de estos’. Eres lo que piensas y dices, porque eso crea tu actitud.

Está científicamente comprobado que el lenguaje positivo mejora la actitud y tiene un tremendo poder en lo que vives y lo que haces. Las palabras ya fueron pensamientos e influyen en tu conducta, tus emociones y reacciones. Un lenguaje asertivo y positivo te regala una vida duradera, plena y con el mayor grado de felicidad posible. El lenguaje optimista modela tu cerebro, forja tu actitud y le da alas a tu fe, tu amor y tu esperanza.

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