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Gonzalo Palau Rivas

¿Cinco locomotoras para tan sólo un 4 por ciento?

Uno esperaría que cinco locomotoras operando a pleno vapor, deberían llevar a la economía a crecer a

Gonzalo Palau Rivas
POR:
Gonzalo Palau Rivas
marzo 15 de 2011
2011-03-15 02:26 a.m.
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Cuando este comentarista del devenir económico era bastante más joven, por razones familiares tuvo la oportunidad de viajar en varias ocasiones en el tren que conectaba la Capital de la República con la, en ese entonces, ya promisoria población de Barbosa, en el departamento de Santander. El tren arrancaba de la emblemática estación de la Sabana y al cabo de un recorrido de aproximadamente unas cinco horas llegaba a su destino final, pasando por poblaciones tan pintorescas como Cajicá, Zipaquirá, Lenguazaque –cuya denominación nadie ha podido definir con toda claridad–, Simijaca y la tradicional Chiquinquirá.

En aquel tiempo, el único medio de transporte a disposición de las familias que tenían que desplazarse desde o hacia uno de estos lugares, era el tren a carbón, dado que que el estado de las carreteras no es que fuese tan lamentable como el de hoy, sino que simplemente estas no existían. En fines de semana y en época de vacaciones era tal la afluencia de pasajeros que el tren requería no de una, sino de dos locomotoras para poder ascender la montaña que se interpone entre el altiplano de la Sabana y el ubérrimo valle de Ubaté. Dicho sea esto para significar que el uso simultáneo de varias locomotoras no es invención de algún técnico moderno, sino una ingeniosa idea de un observador aventajado de la época.

Con el pasar del tiempo y con la aparición del transporte multimodal, el tren a carbón fue perdiendo importancia y de él sólo queda –por lo menos en la región central del país– el turístico que opera en días festivos y que con una sola locomotora llega únicamente a Nemocón, justo antes de empezar el ascenso empinado ya comentado.

Seguramente un descendiente directo de alguno de los frecuentes pasajeros de la época fue quien de manera alegórica le sugirió a este Gobierno la idea de denominar como locomotoras a los cinco sectores escogidos como jalonadores de la economía nacional, en el transcurso de los próximos tres años. Decimos que tres años, pues mientras el Plan de Desarrollo culmina en el Congreso, todo su proceso de discusión y depuración y adicionalmente asimila los recortes decretados o ‘sugeridos’ por el superministro de Hacienda con funciones de Vicepresidente, habrán ya transcurrido prácticamente doce meses en total, con lo que el primero de los cuatro años de Gobierno se habrá ido en medio de debates, modificaciones y, sobre todo, de profundas cirugías.

En este orden de ideas ¿por qué cinco locomotoras sólo van a lograr impulsar la economía a una velocidad de apenas un 4 por ciento anual, como ya ocurrió en el 2010, y como se prevé que va a ocurrir nuevamente en el 2011? 

Uno esperaría que cinco locomotoras operando a pleno vapor deberían llevar a la economía a crecer al 10 por ciento, suponiendo que cada una de ellas aportase un módico 2 por ciento. Siendo menos ambiciosos, uno podría contentarse con un crecimiento del 6 por ciento anual, tal como está consignado en el Plan Nacional de Desarrollo. Crecer al 4 por ciento significa duplicar el tamaño de la economía en 18 años, en tanto que crecer al 6 por ciento significa el mismo resultado, pero en sólo 11 años.

Siete años de diferencia para un país con tantas necesidades insatisfechas es inaceptable, pues nos aleja de la meta de reducir la brecha con el primer mundo e incluso con los más aventajados de la región. 

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