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Henry Bradford Sicard
columnista

El camino hacia la competitividad

Colombia está en deuda de hacer una mayor inversión en innovación y desarrollo.

Henry Bradford Sicard
POR:
Henry Bradford Sicard
abril 09 de 2017
2017-04-09 06:51 p.m.
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Los empresarios se enfrentan a un mercado mundial cada vez más enérgico y cambiante que los obliga a ir a su mismo ritmo. A primera vista ,pareciera que ya no hace falta nada por inventar, que todas las necesidades de los consumidores están resueltas, pero es, entonces, cuando encontramos que el mercado demanda permanentemente nuevas ideas y que los consumidores desean excelente calidad y gran diversidad. Los posibles clientes están expuestos a una cantidad de información tan amplia que los sitúa en una posición de ventaja frente a los productores, siendo esto un reto para los segundos.

Cumplir con las expectativas y requerimientos de los consumidores es fundamental para las organizaciones, y los empresarios deben estar en la capacidad de proponer y concebir productos que por su particularidad sean únicos en el mercado. A los compradores les gusta la singularidad, la diferenciación y la creatividad.

Es ahí cuando la empresa debe plantearse el interrogante que puede marcar la diferencia entre tener un producto más el mercado o ser los mejores y únicos en concepto y técnica: ¿qué puede hacer para que sus productos sean diferentes, exclusivos? Alcanzar este resultado es un proceso que requiere alto grado de dedicación y esfuerzo, demanda un continuo actuar y una búsqueda constante por lo nuevo. Como lo expresó el chef español Adrià Ferran – uno de los personajes más innovadores del mundo–, “creatividad signfica no copiar”.

La creatividad es una herramienta que permite abrir las fronteras de lo ya existente. Para desarrollarla es importante contar con un entorno que permita conectar con la pasión por ser imaginativos, ingeniosos, soñadores, creadores; por buscar una identidad propia; por querer definir cómo queremos ser vistos y recordados por los clientes. En conclusión, es vital desarrollar un contexto que nos permita tener mayor claridad sobre el impacto que queremos generar en los demás, superando el miedo a romper paradigmas para crear lo inimaginado.

Según el Índice Global de Innovación, que clasifica a cerca de 140 países de acuerdo al entorno propicio para la innovación, Colombia está (2016) en el puesto 63, escalando 4 posiciones desde el 2015. Suiza, Suecia, el Reino Unido, los EE. UU., Finlandia y Singapur son hoy las economías más innovadoras del mundo. En Latinoamérica somos el quinto país más innovador, después de Chile, Costa Rica, México y Uruguay, ocupando Chile la primera posición, por su fortaleza en indicadores como institucionalidad, infraestructura y sofisticación de sus negocios.

Sin duda, el resultado de esta clasificación nos llama a repensar cómo el Gobierno, los empresarios y los educadores estamos planteando temas de impacto como la innovación y la creatividad. Las empresas que invierten en estas competencias, añaden valor a su oferta, se hacen competitivas dentro del mercado y, probablemente, logran reducir sus costos. Colombia está en deuda de hacer una mayor inversión en innovación y desarrollo. Si queremos ser un país que encabece estos listados, estamos llamados desde distintos frentes a trabajar en ello.

El Gobierno es el encargado de crear un contexto favorable y adecuado para dicho fin, motivando y brindando incentivos, así como incluyendo en su gasto temas relacionados. Los empresarios tienen la responsabilidad de fomentar la cultura de innovación y creatividad en las compañías, formando equipos de trabajo que tengan las capacidades pertinentes y, a su vez, desarrollando un enfoque innovador que les permita conseguir una propia identidad. Y los educadores, tenemos el gran reto de vincular la academia con las necesidades reales del mercado, generando espacios de aprendizaje disruptivos y permitiendo que los estudiantes desarrollen nuevas habilidades a través de retos reales que los lleven a proponer soluciones originales.

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