1 / 7
Contenidos vistos este mes
Disfrute de contenido ilimitado sin costo
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese
Ya completó los artículos del mes.
Sabemos que le gusta estar informado Disfrute de acceso ilimitado al contenido, boletines noticiosos y más beneficios sin costo.
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese Volver a la portada
Iván Duque Márquez
columnista

Bogotá naranja

Bogotá nos demuestra que la economía naranja es una realidad poderosa y que hoy más que nunca tenemos que hacerla parte de nuestra visión de país.

Iván Duque Márquez
POR:
Iván Duque Márquez
agosto 30 de 2017
2017-08-30 08:16 p.m.
http://m.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2017/03/16/58ca96e130ba2.png

Bogotá se ha convertido en una ciudad en la cual florece la economía naranja, o economía creativa. La capital de Colombia no solo concentra más de la mitad de las actividades culturales del país, sino que cerca del 8 % de su PIB –equivalente a $18 billones– está representado en este sector que, además, emplea a más de 460.000 personas.

La urbe consume anualmente más de $500.000 millones en actividades como cine, teatro y música en vivo, haciendo de la demanda cultural una fuente grande de empleo y prestación de servicios.

Pero el peso de las industrias creativas en Bogotá tiene distintas formas de leerse: el Bogotá Music Market consolida más de $6.000 millones, y ferias como del Libro pueden generar más de $22.000 millones en ventas y más de 500.000 asistentes. Esa Bogotá naranja también se ve representada en espacios como ArtBo, que ha logrado consolidar más de $105.000 millones en negocios, con la exhibición de más de 3.000 obras de arte y la participación de cerca de 35.000 espectadores. La ciudad también ha ido abriendo camino a nuevas fuentes como el Bogotá Audio Visual Market, que está movilizando más de $39.000 millones en negocios, contando con más de 4.000 visitantes, y el festival independiente de la ciudad logro movilizar en su última versión a más de 45 mil personas.

Esa realidad nos muestra que Bogotá puede transformar su rostro, su actividad empresarial, los canales de generación de empleo y, por supuesto, su comercio, si sabe hacer de la economía naranja una apuesta estructural en su agenda de desarrollo. Según cálculos de organizaciones privadas y distritales, entre el 2016 y el 2019 habrá consolidado cerca de $2,6 billones en inversión atractiva para el talento y las ideas de nuestros creadores.

Uno de los casos más dicientes tiene que ver con la dinámica empresarial de la música, en la cual vemos que más del 52 % obedece a espectáculos en vivo, el mercado en radio difusión, 13 %, y cerca del 19% en grabación de sonido. Bogotá tiene más de cien agencias de publicidad que generan más de 9.000 empleos formales. Así podríamos seguir con otras áreas como el diseño gráfico, el textil y la arquitectura.

Hoy, la metrópoli tiene el reto de abrir la capacidad para disponer incentivos para asociar a los sectores naranja, al igual que iniciativas como las que ha emprendido la Alcaldía para la transformación del ‘Bronx’ en un centro donde se puedan reunir, no solo corporaciones asociadas al sector corporativo, sino una oferta de turismo, gastronomía, galerías, entre otras.

Bogotá tiene que fortalecer su infraestructura cultural en las localidades; debemos soñar con más museos, bibliotecas, parques y lugares de expresiones culturales. Y otras ciudades deben seguir el ejemplo. La recién aprobada Ley Naranja abre espacios para que tengamos una visión articulada para formular políticas públicas, medir mejor el sector, darle espacios de financiamiento e infraestructura, contar con políticas de talento, y para que el producto creativo nacional se distinga ante el mundo.

Bogotá nos demuestra que la economía naranja es una realidad poderosa, vigorosa, y que hoy más que nunca tenemos que hacerla parte de nuestra visión de país.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado