Gadafi y la literatura infantil | Opinión | Portafolio
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Iván Duque Márquez

Gadafi y la literatura infantil

La realidad de las últimas semanas es la rebelión de las tortugas que se hartaron de ver cómo su reg

Iván Duque Márquez
POR:
Iván Duque Márquez
marzo 03 de 2011
2011-03-03 12:04 a.m.
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El próximo 21 de septiembre se conmemorarán veinte años de la muerte de Theodor Seuss Geisel, uno de los más grandes genios de la literatura infantil. Nacido el 2 de marzo de 1904, en Springfield, Massachussets, este caricaturista y autor de 44 libros que han vendido más de doscientos veintidós millones de copias y que ha sido traducido a más de quince idiomas, logró convertirse en un ícono obligado de la lengua inglesa y preámbulo sin excepción de quienes empiezan a leer.
Como dibujante supo con humor y sátira referirse a las realidades sociales, al mismo tiempo en el que retrataba los más finos acontecimientos culturales y deportivos. Pero fue a raíz de la Segunda Guerra Mundial cuando salió a relucir su visión política frontal contra el autoritarismo y el cuestionamiento al aislacionismo inicial de EE. UU. al tenebroso avance de Hitler.
Pasada la guerra, Geisel dejó de ser un columnista gráfico para convertirse en el Dr. Seuss de los niños, creando historias fascinantes que caen diariamente en las manos de padres e hijos, deleitándolos con sus figuras singulares y originales combinaciones de palabras. Sus historias siempre tienen moralejas, muchas de ellas políticas. Como demócrata liberal enseñó con su elefante Horton las consecuencias de una superpotencia sorda que se rehúsa a escuchar el entorno. Con el Lorax alertó sobre los riesgos ambientales de la sociedad de consumo, mientras con la Batalla de Mantequilla logró denunciar la carrera armamentista. El Grinch, por su parte, simboliza una crítica profunda al materialismo que tanto destruye el espíritu navideño.
De todas las historias del Dr. Seuss, Yertle la tortuga, publicada en 1958 contra el autoritarismo, tiene mucho que enseñar. Yertle, el monarca del pantano, inconforme con la piedra que le sirve de trono, ordena a varias tortugas hacer una hilera vertical –una encima de otra– para que él desde la cúspide, pueda divisar a lo lejos y expandir la extensión de su reino. Mientras Yertle disfruta la vista, las tortugas que soportan el peso en la parte inferior se lamentan del dolor. Mack, la primera tortuga, intenta expresar su situación, pero inmediatamente es mandado a callar por el arrogante rey.
Un día, Yertle se da cuenta de que por encima de él está la Luna, y lleno de rabia ordena que más tortugas se unan a la fila hasta alcanzar ese protuberante faro blanco que lo supera en altura. Mack no aguanta más y se retira de la fila tumbando bruscamente la hilera conformada por decenas de tortugas, liberándolas del opresor que cae sin misericordia en el pantano.
Yertle nos demuestra que la opresión es la peor expresión del poder y que el totalitarismo cae, sin darse cuenta, el día en que los de abajo no dan más. Lo que hoy ocurre en Libia es la expresión de un pueblo contra un gobernante que lo pretende someter a sus vanidades y caprichos. La realidad de las últimas semanas es la rebelión de las tortugas que se hartaron de ver cómo su regente disfruta de la opulencia mientras los demás sufren.
Veinte años después de su muerte, el Dr. Seuss nos plasma la realidad. Gadafi está cayendo, y hoy nos preguntamos si ocurrirá lo mismo con los ‘Yertle’ que se sientan encima de sus gobernados en el otro lado del Atlántico.

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