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Iván Duque Márquez
columnista

Pecados terminales

Si aplicamos el antídoto a la cadena de errores que está afectando al sector privado, empezaremos el camino de la recuperación.

Iván Duque Márquez
Opinión
POR:
Iván Duque Márquez
agosto 09 de 2017
2017-08-09 08:38 p.m.
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Son muchos los políticos que hablan de industria y muy pocos los que son coherentes entre los objetivos y los medios para estimularla. Para que la industria prospere se necesita un entorno de medidas económicas que sean coherentes y congruentes, empezando por la estabilidad fiscal.

En los últimos años, Colombia ha vivido la sumatoria de cinco políticas erráticas que han afectado la confianza industrial y que han limitado su capacidad de progreso.

El Gobierno hizo una expansión de los gastos permanentes, soportado en una bonanza transitoria de un producto con reservas limitadas. Esta medida equivocada conduce a que, en una caída de los precios, se active la tentación de mayores impuestos. Esas expansiones del gasto, sin una sostenibilidad asegurada, generan grandes desequilibrios fiscales.

El siguiente efecto de esas malas decisiones tiene que ver con aumentar los impuestos a las empresas y a los consumidores para cubrir la caída de los precios del petróleo, ante la falta de ahorros estructurales. Por ello, las compañías tienen una mayor tarifa de impuesto de renta que el promedio de la Ocde.

Además, en medio de los altos costos tributarios, se han disparado los excesos regulatorios para el sector privado, como las demoras para resolver trámites ante el Estado. Las empresas tienen que lidiar con múltiples diligencias frente una amplia cantidad de entidades que van desde la Dian, la UGPP, el Invima, y hasta Sayco, sin mencionar las autoridades territoriales. Estos costos encarecen el clima de negocios y alimenta la corrupción.

A esto se suma la perdida de la seguridad jurídica y el desmonte repentino de incentivos sectoriales. Si las empresas no pueden tener claridad sobre el horizonte de pagos de impuestos o sobre la estabilidad de los beneficios para el desarrollo de sectores con valor agregado, se atemorizan y dilatan decisiones de inversión. La falta de claridad sobre consultas previas, licenciamiento ambiental o la regulación por la vía de decisiones judiciales está creando un clima de desconfianza en momentos de rápida desaceleración.

Para agravar el ambiente, el país no ha tenido una política industrial pensada para insertar al país en las cadenas globales del valor. Hoy, tenemos mercados abiertos por tratados de comercio que no hemos aprovechado y son pocas las empresas y sectores que se han integrado estratégicamente en momentos donde el déficit comercial se ha deteriorado.

Ante las cinco erráticas decisiones, Colombia tiene que hacer una eliminación acelerada de gastos innecesarios y una reforma profunda a la administración pública que gane eficiencias. Esto, sumado a mejorar la fiscalización tributaria, se debe traducir en menores impuestos que incentiven la inversión, acompañados de un paquete depurado de incentivos tributarios y normas de estabilidad jurídica condicionados a la generación permanente de empleo. Si este esquema es acompañado de una agenda de diversificación exportadora, habrá armonía en las bases de una economía que estimula al sector privado.

Hasta ahora, el círculo vicioso está ganando la parada, pero si aplicamos el antídoto a la cadena de errores que está afectando al sector privado, empezaremos el camino de la recuperación.

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