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El Estatuto del Trabajo

Jairo Burgos
POR:
Jairo Burgos
enero 06 de 2012
2012-01-06 01:25 a.m.

 

La concertación del salario mínimo legal para el 2012 fue una buena noticia, que reafirma las bondades del diálogo social.

Que bueno aprovechar el positivo clima de entendimiento entre Gobierno, trabajadores y empresarios y el fuerte capital político de la administración para ponernos al día en una tarea pendiente en materia laboral: la expedición del nuevo Estatuto del Trabajo.

Desde 1991 era consciente el Constituyente de la necesidad de renovar nuestra legislación laboral, cuyo cuerpo principal, el Código Sustantivo del Trabajo, rige desde 1950.

La ley laboral colombiana es desarticulada en algunos aspectos, desordenada en materias fundamentales e inexistente o insuficiente para atender prioridades de las actuales relaciones laborales.

No es fortuito que diversos estudios sobre la competitividad del país reconozcan la inflexibilidad y distorsión de costos que genera la regulación laboral como obstáculos que frenan la inversión y creación de empleo decente.

Algunos ejemplos ilustran mejor el panorama.

La desarticulación regulatoria se refleja , por ejemplo, en la falta de claridad para la liquidación de las contribuciones parafiscales, que ha abierto espacio a la voracidad de entidades estatales que destinan buena parte de sus recursos a visitar empresas y revisar las liquidaciones hechas por estas, generando confusión, inseguridad e ineficiencia. ¿Cuánto le cuesta al Estado y a las compañías ese reproceso?

¿Se ha calculado su costo de oportunidad?

El desorden, si no anarquía, que hay en el derecho colectivo del trabajo impresiona a cualquier observador. Providencias de la Corte Constitucional quebraron su columna vertebral e hirieron gravemente el principio del respeto a la voluntad de las mayorías, pilar de todo sistema democrático.

Hoy tenemos, como resultado, negociaciones colectivas múltiples en la misma empresa, que se sabe cuándo inician, pero no cuándo y cómo terminan, sumadas a fenómenos de atomización sindical con efectos perversos (carrusel de fueros sindicales) y, lo más lamentable, debilitamiento de los sindicatos y deterioro de su ya precaria imagen.

Las providencias que dieron pie a estas situaciones fueron inspiradas, que ironía, por la idea de fortalecer el sindicalismo y respetar su autonomía. No en vano dicen que el camino al infierno está lleno de rosas.

Una carencia sensible de nuestra legislación laboral, como muestra final, es la ausencia del arbitramento permanente como un medio eficaz para la solución de conflictos laborales en forma técnica, ágil y oportuna, como existe en otros países.

No es fácil concertar un nuevo estatuto laboral, tal vez por ello se le ha sacado el cuerpo a la tarea por más de 20 años, confirmando lo que el profesor Yunis describe como la personalidad ladina de la sociedad colombiana.

¿Para qué consagrar normas constitucionales sin la voluntad política de cumplirlas? Es difícil generar y mantener confianza entre los actores sociales cuando el régimen desobedece olímpicamente al constituyente por más de 20 años.

Sin embargo, ¿no serían mayores los beneficios que se obtendrían si se tuviera una legislación laboral integral, moderna, ordenada y clara? Sin duda, ello beneficiaría la justicia social en las relaciones laborales y evitaría no pocos conflictos.

Jairo Burgos

Director de Talento & Talante

burgosjairo27@gmail.com

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