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Análisis

Agro empresarial y agroindustria incluyente, son el camino

El agro debe ser una prioridad y la política pública tiene que cambiar su centro de gravedad a lo rural. Ello requiere romper paradigmas.

Jens Mesa
POR:
Jens Mesa
mayo 03 de 2017
2017-05-03 08:54 p.m.

Recientemente, el Dane publicó las cifras del comportamiento de la economía colombiana en el 2016, y de estas se deriva que, mientras que el conjunto de la economía registró un crecimiento del 2 por ciento, el sector agrícola apenas creció 0,5 por ciento. Datos desalentadores, que en el caso del agro, se suman al bajo nivel de desempeño que ha sido característico en las últimas décadas; cabe recordar que mientras que el PIB nacional muestra un crecimiento promedio de 4,1 por ciento en los últimos 10 años, el PIB agrícola alcanza solo 2 por ciento en promedio, en igual período.

En tanto esto ocurre, la demanda mundial de alimentos continúa aumentando, debido a la tendencia creciente de la población y de la clase media consumidora, al punto que al 2050 se estima un incremento de la misma del 70 por ciento. En lo que tiene que ver con el mercado local, también las importaciones de alimentos y materias primas agrícolas siguen aumentando y, actualmente, superan los 11 millones de toneladas.

Del lado de la oferta, Colombia cuenta con recursos fundamentales para un desarrollo agrícola muy dinámico, principalmente tierra, agua y gente para trabajar el campo. Por una parte, el país tiene una frontera agrícola de 43 millones de hectáreas, de las cuales tan solo 7,1 millones son actualmente productivas, es decir 16,5 por ciento de su potencial; siendo, según la FAO, uno de los siete países en el mundo con disponibilidad para expandir su agricultura sin deforestar. Por otra parte, Colombia es el sexto país con mayor riqueza hídrica en los rankings que elabora el Banco Mundial, y, adicionalmente, según la Misión para la Transformación del Campo colombiano, la población rural en nuestro país es de 14,4 millones de habitantes, cerca del 30 por ciento de la población total, en donde el 90 por ciento está en situación de pobreza o vulnerabilidad.

Parece que Colombia lo tiene todo para aprovechar sus recursos y dinamizar la oferta local agrícola, y, a su vez, capitalizar las oportunidades de mercado que ofrece el mundo de hoy. Entonces, ¿qué está pasando con el agro colombiano? ¿Por qué avanza tan lentamente?

La respuesta es que el sector agrícola colombiano requiere un nuevo modelo de producción, uno que promueva la empresarización de todos los productores del campo, pequeños, medianos y grandes. Con esta firme motivación, Fedepalma invitó a un numeroso grupo de empresarios, gremios de diferentes actividades del sector agrícola e instituciones como el Centro de Liderazgo y Gestión, el Consejo Empresarial Colombiano para el Desarrollo Sostenible, el Instituto de Ciencia Política Hernán Echevarría Olózaga y el Consejo Privado de Competitividad para desarrollar durante el 2016 la iniciativa ‘El agro empresarial y la agroindustria son el camino’.

Como resultado de esta iniciativa, es claro que el agro colombiano adolece de baja productividad laboral, escasa inversión en bienes públicos, poca inversión en ciencia y tecnología, rendimientos reducidos, menguada escala de producción, restricciones de acceso al crédito, deficiencias en capital humano, inseguridad jurídica y precarias condiciones de inversión, alta informalidad, violencia y falta de instituciones, uso inapropiado del suelo, poca adopción de buenas prácticas agrícolas y empresariales, y vulnerabilidad al cambio climático, entre otros.

Pero también resulta evidente que un nuevo modelo agroempresarial y agroindustrial incluyente favorece la inclusión financiera de pequeños productores, facilita la construcción de capital humano y la formalización laboral, genera nuevas capacidades acordes con los cambios tecnológicos y a los avances científicos, resta espacio a la informalidad y a las economías ilegales, contribuye a la superación de la pobreza, impulsa encadenamientos productivos y generación de valor, estimula el ordenamiento territorial y productivo, facilita el uso sostenible de los recursos ecosistémicos en el largo plazo, contribuye a una mejor gobernanza de los territorios y a la cultura de la legalidad, y compromete a las empresas con el ejercicio de una buena ciudadanía corporativa.

Estamos ad portas del inicio de una campaña presidencial para el 2018, y el país deberá tomar importantes decisiones de política pública si desea aprovechar sus ventajas comparativas y desarrollar el inmenso potencial del agro colombiano. El agro debe ser una prioridad y la política pública tiene que cambiar su centro de gravedad a lo rural. Ello requiere romper paradigmas, emprender un nuevo camino y construir una narrativa distinta para el sector agrícola, que implica un nuevo modelo productivo, ¡Un modelo empresarial y agroindustrial incluyente!

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