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Johanna Peters

Los escoltas

Johanna Peters
POR:
Johanna Peters
febrero 06 de 2014
2014-02-06 12:48 a.m.
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Hace algunos días, al ver a unos escoltas tomar una siesta mientras armaban un trancón en frente de un restaurante, pensé que lamentablemente hace demasiado tiempo estos señores son parte del panorama urbano.

Fueron pasando de ser unos conductores armados (sin saber disparar) a finales de los años ochenta, a convertirse en personajes mal encarados que con sus ‘toyotas’ y armas arrollaban todo en su camino.

Con cada oleada de terrorismo, secuestros o inseguridad, volvían a multiplicarse, hasta que en algún momento para algunos se convirtieron en símbolo de estatus.

En la última década, los escoltas se han civilizado bastante, pero no han dado señas de desvanecerse a pesar de la seguridad democrática, las FF. AA. fortalecidas o el nuevo proceso de paz.

Al contrario, pareciera que cada día son más.

Los escoltas siguen ejerciendo con entusiasmo la crónica práctica de parar donde les parece y en doble carril, si es necesario.

También siguen irrespetando las reglas de tránsito y pasándose los semáforos, mientras ensordecen con sirenas y cornetas a quien tenga la mala suerte de estar cerca.

Pero, además, a veces se les ve en sudadera trotando detrás de sus jefes en la calle, fingiendo no morir de asfixia por su mal estado físico.

Sin embargo, la vida de un escolta no es fácil, y tal vez eso explica su falta de conciencia cívica. Primero, en muchísimos casos ponen en riesgo su vida a diario protegiendo a extraños por un sueldo que seguramente no es el mejor. Adicionalmente, tienen horarios terribles, nunca saben cuándo van a comer, dónde podrán ir al baño, pasan de la histeria colectiva al movilizarse a una aburrición total cuando su jefe está en un lugar seguro, y casi siempre los ve uno convertidos en niñeras y mensajeros de toda la familia.

El diario El Tiempo (en su edición del 4/01/14) publicó que la Policía Nacional ha retirado escoltas a más de 300 personas que, en algunos casos, llevaban más de quince años fuera de cargos públicos y nunca habían solicitado que se les eliminara el servicio.

Según ese mismo artículo, hoy la Policía tiene a 7.000 hombres que protegen a 2.500 personas. Pero existen miles más adscritos a la Unidad de Protección Nacional (UNP) que actualmente protegen a unos 7.500 individuos en riesgo, entre los que se cuentan periodistas, sindicalistas, activistas y desmovilizados. A esto hay que sumar los escoltas del sector privado, que deben contabilizar cifras significativas.

A nosotros, ya este subsector de la economía nos parece parte del entorno, pero evidencia que seguimos siendo reyes en temas de inseguridad. Tan es así que hasta en México la revista Proceso (edición 1914 de julio del 2013) afirma que no existe ningún otro país con un programa de protección del tamaño como el colombiano.

Si esto es en épocas sin atentados a gran escala o pescas milagrosas, y con un proceso de paz con cierto grado de optimismo, el tema de los escoltas claramente está lejos de desaparecer y dejarnos ser un poco más normales en nuestra ya caótica realidad urbana.

Johanna Peters

Consultora en comunicaciones

johanna.peters@fticonsulting.com

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