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Johanna Peters

Un vuelco en mi vida

Gracias a ellos por fin dejé de creer que el éxito personal se medía principalmente por el título, e

Johanna Peters
POR:
Johanna Peters
marzo 25 de 2011
2011-03-25 12:35 a.m.
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Hace tres años mi vida dio un vuelco total. Hace tres años que soy mamá. No quise creer que todo iba a cambiar y pensé que la maternidad sería un elemento más en mi vida, que encajaría muy cómodamente con todo lo demás. Gran equivocación. El día en que mi hija me fue entregada por una enfermera, después de 10 largas horas de trabajo de parto y otras dos en una supuesta sala de recuperación, mi vida dejó de ser mía y entré al extraño y desconocido mundo de la maternidad. Nada me preparó a lo que se me vino encima, pero creo que nadie o nada lo hubieran podido hacer. No sabía qué debía hacer con un bebé que lloraba por motivos desconocidos, no sabía qué era lo que me debía nacer naturalmente como mamá, no sabía manejar el cansancio y la ansiedad, y ante todo, no sabía cómo debía ser mi vida después de haber engendrado otra. Dentro de toda esta confusión llegó poco después mi hijo, quien sin tener la culpa y siendo el bebé más juicioso, confirmó definitivamente que mi vida era otra y que debía replantear mi visión de manera sustancial. Fueron años y meses difíciles, con no pocas lágrimas y momentos de desespero. Me tomó tiempo sentirme a gusto en esta vida loca que es la que se lleva con dos pequeños niños y apreciar los aprendizajes y la maduración que estos generan. Igualmente, ha sido un reto encontrar y aceptar un modelo con el que me sienta cumpliéndole a mis hijos, pero a la vez respetando mis deseos y anhelos como mujer y profesional. Han sido tres años de búsqueda de equilibrio, donde hoy entiendo que este no existe entre la vida profesional y personal, pero donde he logrado encontrar un sistema que hoy me tiene feliz y tranquila, a pesar de que al principio luché mucho con la realidad de tener que castigar alguno de estos frentes y que el elegido fuera el trabajo. Hoy, tres años después y habiendo superado una de las tantas etapas difíciles que tiene la maternidad (y la paternidad, claro está) puedo respirar un poco y ver los inmensos beneficios de haber tenido el privilegio de recibir unos seres tan sabios en mi vida. Ellos me obligaron a detenerme, entregar el control y respirar profundo. Gracias a ellos por fin dejé de creer que el éxito personal se medía principalmente por el título, el sueldo y la cantidad de horas trabajadas. Ellos son el éxito personal y eso sólo deja de sonar a cliché cuando se tiene hijos. Ellos son mis profesores en todo aspecto, y agradezco todos los días que ellos me obligaron a cambiar. Hace tres años mi vida dio un vuelco total, menos mal.

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