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Jorge Coronel López
columnista

Obsesión por los modelos de ciudad

Paradójicamente todas las ciudades modelo han sido diseñadas por personas que no se han preocupado por hacer proyectos incluyentes.

Jorge Coronel López
POR:
Jorge Coronel López
febrero 01 de 2017
2017-02-01 10:26 p.m.
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Los alcaldes, y quienes tienen en sus manos la misión de orientar el desarrollo de un territorio, están cada vez más tentados a buscar modelos de ciudad catalogados como exitosos en otras latitudes y reconocidos como tal a nivel mundial. De allí que se avance desenfrenadamente hacia lo que pareciera ser una nueva obsesión dentro de la gestión pública local, y sobre lo cual se debe tener mucho cuidado.

Se ha convertido en una práctica común que los alcaldes y sus equipos viajen por el mundo visitando ciudades emblemáticas para traer de allí lecciones y modelos, con el fin de ser aplicados en sus territorios; pero pocas veces se interesan por entender y asimilar aquellas realidades para encuadrarlas en sus propios contextos. Muy seguramente, los problemas que tuvo aquella ciudad modelo no son los mismos de la urbe que ahora se quiere modelar, por lo tanto, suponer que si algo allí funcionó, aquí también funcionará, es más que un error.

De aquellas metrópolis modelo, generalmente sobresalen sus modos de recuperación de zonas deprimidas, su espíritu cosmopólita, sus calles limpias, sus nuevas o renovadas formas arquitectónicas, la importancia por el espacio público, su capacidad de interconexión con el mundo y la creciente atracción de turistas por diversas razones. Son capitales pensadas para ser consumidas.

No obstante, paradójicamente todas las ciudades modelo han sido diseñadas por arquitectos, planificadores e ingenieros, que en la mayoría de los casos, se han preocupado más por la creación de estructuras acordes a la ciudad y las nuevas tendencias, y pocas veces han conversado sus proyectos con otras disciplinas para asegurarse de que sean proyectos no excluyentes y con sentido humano. No podrá decirse que el sentido humano está implícito cuando se piensa más en el peatón y menos en el carro, más en el espacio público y menos en las vías, ya que probablemente habrá más peatones, más senderos y más parques, pero a costa de familias que han sido desplazadas para poder construir la nueva infraestructura de la urbe, o, peor aún, muchas familias no disfrutarán de tales sitios porque no tienen cómo pagar los costos de desplazamiento.

Hay fuertes críticas sobre los modelos de urbes imperantes cuando se descubre que son calificadas como ciudades muy contaminadas. Algunos cuestionan que todas comparten problemáticas semejantes: congestión vehicular, contaminación ambiental, relativa inseguridad, incluso problemas de salud en su población, que pocas veces son estudiados y visibilizados, lo cual refleja incapacidad por lograr un modelo más integral.

Otros cuestionan la forma excluyente de la nueva oferta de bienes y servicios públicos, la concentración de la pobreza en zonas periféricas, las restricciones a la imposibilidad de disfrutar la nueva metrópoli, así como el desarrollo de nuevas vocaciones económicas que atentan contra tradiciones, su propia historia empresarial y el mismo desarrollo humano. La búsqueda desesperada por encontrar y copiar modelos de ciudad parece imponerse, pero habrá que tener cuidado al aplicarlos para evitar que terminen avasallando.

Jorge Coronel López
*Economista - Docente universitario
jcoronel2003@yahoo.es

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