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José Leibovich

Buenas y malas noticias

José Leibovich
POR:
José Leibovich
mayo 06 de 2013
2013-05-06 11:48 p.m.
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La pobreza y a desigualdad en Colombia mostraron una mejoría importante en 2012. El anuncio oficial fue que la pobreza monetaria se redujo en 1,4 puntos porcentuales, al bajar de 34,1% en 2011 a 32,7% en 2012, y la desigualdad mejoró al bajar el Gini de 0,548 a 0,539.

De esta forma, el país deja de ser el campeón de la desigualdad en la región y confirma una trayectoria persistente de descenso en la pobreza.

Con la información disponible, no es fácil saber cuáles fueron las causas precisas de tal mejoría y tendremos que esperar los análisis de los datos detallados para sacar conclusiones robustas.

Por lo pronto, podemos decir que el crecimiento económico del 2012 del 4% seguramente ayudó; sin embargo, dado que la industria y la agricultura, dos sectores intensivos en empleo, tuvieron desempeños mediocres, no se les podría atribuir los buenos resultados. Otros indicadores, como la tasa de desempleo o el nivel de informalidad, tampoco mostraron mejoras notables.

Además, la economía ha tenido en el pasado, para no ir muy lejos, 2011, crecimientos superiores con reducciones más fuertes en el desempleo y la informalidad, sin resultados tan notorios en pobreza y desigualdad.

Lo que quedaría por explicar del resultado es los programas que maneja Prosperidad Social para combatir la pobreza, como Familias en Acción, que en el corto plazo son asistencialistas y solo generan impactos en productividad a mediano plazo.

Pero en la noticia pasaron de agache: que la pobreza extrema prácticamente se mantuvo inalterada, al pasar de 10,6% a 10,4%, lo cual evidencia que esta población es refractaria al crecimiento económico y que aún los programas de lucha contra la pobreza extrema como Unidos no les llega; que la pobreza rural aumentó de 46,1% a 46,8%, y la desigualdad en el campo subió, al pasar el Gini de 0,459 a 0,465. Con estos resultados sigue aumentando la brecha entre el campo y las ciudades.

A pesar de los planes en el papel y los discursos, se confirma que tenemos un modelo de desarrollo profundamente desigual entre el campo y la ciudad.

Ese modelo no es de hoy, data de varios siglos, desde la conquista de los españoles, reforzado con políticas como las del profesor Currie apoyando el crecimiento de las grandes ciudades con programas de vivienda y empleo.

En lo político también es un modelo que descentralizó la ausencia de Estado, y que dejó a las áreas rurales abandonadas a su suerte, y a las élites locales que hicieron de las suyas.

No debe sorprender que los principales problemas de violencia, generados por la guerrilla, paramilitares y el narcotráfico, surgieran en las áreas rurales.

Se va a requerir un viraje en la concepción del Estado sobre los territorios rurales para que disminuyan la pobreza y la desigualdad en estas áreas en las que habita hoy el 25% de la población total.

Eso implica una presencia del Gobierno Nacional para ayudar a construir ciudadanía e institucionalidad local, y a resolver las fallas más protuberantes de mercado para que los ciudadanos rurales dejen de ser de segunda categoría.

José Leibovich

Consultor

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