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José Manuel Acevedo

Lo que se lleva Julio Mario

José Manuel Acevedo
POR:
José Manuel Acevedo
octubre 18 de 2011
2011-10-18 12:03 a.m.
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A Don Julio Mario le temían las serpientes, según relata Gerardo Reyes en su biografía no autorizada. Pero también temblaban con su presencia los minoritarios de las compañías, los ministros, los senadores y hasta los presidentes de la República.

Su partida no es sólo el fin de una historia personal de éxitos ilimitados, sino el ocaso de un estilo empresarial y la sustitución de patrones de conductas entre los cacaos de otros tiempos y sus herederos de ahora.

Con Julio Mario comienzan a extinguirse prácticas y manías que caracterizaron a los ricos colombianos del siglo XX.

No veo, por ejemplo, a Alejandro Santo Domingo siguiéndole el pulso a lo que pasa en el Congreso o interesado por el contenido de las columnas que se publican en sus medios o en plan de desquite personal poniendo a esas plumas a atacar como perros furiosos a sus contradictores.

Según el periodista Reyes, Don Julio Mario decía que “los periódicos son como los revólveres: se los tiene para sacarlos cuando se necesita disparar”. Si la cita le es atribuible en serio, lejos están sus hijos de pensar algo igual. Lo de las revanchas no va con ellos.

Ni Andrés ni Alejandro, los herederos vivos de Don Julio Mario, se pondrían en plan de pelea con los ministros de Hacienda por el tema tributario.

No pararían un juego de golf indefinidamente, mientras les cuentan los últimos chismes del alto turmequé criollo o las movidas políticas más parroquiales. Los ‘CEO’ de sus empresas ya no son lobistas de oficio, sino que su perfil es eminentemente técnico. Como consecuencia de los fenómenos de globalización de los últimos tiempos todos hablan mejor el inglés que el español, sin duda.

En materia de financiación de campañas políticas, podrá haber favoritos de corazón, pero cada vez menos de bolsillo. Los grandes grupos económicos están girando cheques iguales a los candidatos a la Presidencia y así queda demostrado en las últimas tres elecciones.

Del ‘Senador 101’, queda el recuerdo, y aunque ese feo rol de lobby deformado lo han asumido ciertas multinacionales, la nueva generación de Santo Domingo se interesa más por hablar de tú a tú con los archimillonarios de otras latitudes antes que organizar desayunos o almuerzos con senadores y ministros de su país.

Y en cuanto tiene que ver con filantropía, las cosas también están cambiando. Las últimas donaciones de la familia en cuestión y su activismo en causas sociales se deben más a la iniciativa del heredero que del de cujus, entre otras porque vivimos en los tiempos de la responsabilidad social empresarial que antes hubiera sido esporádica generosidad.

Lo que se va con Julio Mario es mucho más que una vida de la que todos se acordarán.

Aunque la plata se transmita, los estilos cambian y nuevos prototipos de cacaos están en ciernes. No hay sino que mirar a Luis Carlos Jr., o a los nietos de don Carlos Ardila Lülle o a la nueva cochada de ‘Echavarrías’. De ninguna manera se trata de decir que lo de antes fue mejor o peor. Es sólo que lo que viene resultará diferente.

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