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Lorenzo Dávila

Francia

Lorenzo Dávila
POR:
Lorenzo Dávila
junio 04 de 2013
2013-06-04 04:45 a.m.
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El Gobierno francés ha dicho basta a las políticas de austeridad impulsadas desde Alemania, para centrarse en el crecimiento económico. Y es que al país galo no le terminan de salir las cuentas, con unos presupuestos que han sufrido el mayor ajuste de los últimos 60 años, donde se estimaba un crecimiento del 0,8% del PIB para poder cerrar el año en el 3% de déficit público, las previsiones actuales suponen un crecimiento del 0,1% para el 2013, y aún hay analistas que las tildan de optimistas.

Entre la Unión Europea, Francia representa un modelo económico singular al tratarse de una economía fuertemente intervenida desde el sector público, con una participación del gasto público sobre PIB del 56% –que no ha bajado del 50% en la última década ni tenido equilibrio presupuestario desde 1974–, un déficit que superaba el 2%, incluso en los momentos más expansivos del ciclo.

Es cierto que hasta ahora, el mayor peso del Estado ha supuesto un elemento de equilibrio al sostener gran parte de la demanda interna en una coyuntura, en la que se supera el 11% de desempleo, si bien supone un equilibrio inestable en la medida en que el nivel de deuda de sus entidades financieras es apenas del 10% menor que el de España, donde ha hecho falta rescatar a casi la mitad del sector financiero.

Un traspié dentro del ramo bancario que obligara a un rescate por parte del sector público podría suponer un incremento de la carga financiera de la deuda pública, situada en niveles similares a los de España, que haría muy complicado poder mantener el elevado compromiso de gasto público, así como una estructura de ingresos que, históricamente, ha resultado incapaz de alcanzar equilibrio presupuestario. Sobre todo si tenemos en cuenta que la capacidad de repago de su deuda se está resistiendo debido a su escaso crecimiento.

Ante este panorama, el Gobierno francés se encuentra en el corazón de una Europa, donde el multiplicador monetario no ha funcionado al estar el sistema en trampa de liquidez, y el impacto negativo de las restricciones presupuestarias –la famosa austeridad– sobre el crecimiento económico han sido hasta cuatro veces superiores al estimado por el FMI, quien finalmente a terminado por reconocer que, frente a unos cálculos iniciales, en los cuales se estimaba que una reducción del déficit público del 1% se traduciría en un descenso promedio del 0,5%, la realidad ha sido mucho más dura, produciéndose caídas que van desde el 0,9% hasta el 2%, en función de la economía que se trate, con lo que no le queda otra que decir ¡basta!

Especialmente, si tenemos en cuenta el carry trade que ha supuesto sobre la deuda europea la brutal inyección de liquidez del Banco de Japón que mantendrá hasta 2014, lo que establece un escenario de abaratamiento de la financiación que puede hacer que este sea el momento de parar.

Lo cierto es que la ortodoxia económica propuso, para salir de la crisis, una combinación de política fiscal restrictiva, política monetaria expansiva y deflación salarial bajo una serie de hipótesis que han resultado ser falsas, por lo que un cambio en el horizonte de los modelos de la política económica europea abre un espacio a la esperanza.

Lorenzo Dávila

Director académico, U. Sergio Arboleda, sede Madrid, España

lorenzodavila@emecero.co

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