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Louis Kleyn
columnista

Colombia y Venezuela

Según recientes encuestas, una mayoría de compatriotas consideran factible que Colombia tome el camino político de Venezuela.

Louis Kleyn
POR:
Louis Kleyn
julio 05 de 2017
2017-07-05 09:29 p.m.
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“ Colombia y Venezuela: destinados a ser un solo país en el tiempo”. Esto afirmó hace un par de meses Samuel Moncada, ministro de Relaciones Exteriores del vecino país. ¿Qué propósito se puede leer detrás de este tipo de expresiones, muchas veces escuchadas desde el inicio del gobierno de Hugo Chávez, como una referencia a la continuidad del pasado colonial y a las aspiraciones de Simón Bolívar? Paralelamente, según recientes encuestas, una mayoría de compatriotas consideran factible que Colombia tome el camino político de Venezuela, con las terribles consecuencias para la democracia, la libertad individual y el bienestar económico.

Como vecinos, con 2.220 kms. de frontera, compartimos regiones homogéneas socio-culturalmente: la costa Caribe, la Orinoquia, La Guajira, y el tramo final de la cordillera de los Andes que pasa imperceptible de Boyacá y Santander al Táchira y Mérida. Tenemos una historia conjunta desde tiempos precolombinos, con una base indígena común.
Nuestra accidental separación se remonta a los albores de la conquista, cuando el endeudado Carlos V concedió, en pago a los banqueros Welser, una gran parte del terreno de la hoy Venezuela, la costa Caribe, desde el cabo de la Vela hasta más allá de Coro, y el interior aún inexplorado. Esta curiosa aventura colonial alemana privada término abruptamente con la decapitación, mediante un machete pompo de Bartolome Welser. A partir de allí, Venezuela dependió de Santo Domingo y en el siglo XVIII se unió a Colombia y Ecuador en el Virreinato. Pero, como Capitanía, conservó autonomía militar y administrativa hasta el fin de la Colonia.

La independencia de los dos países fue una empresa conjunta, liderada por un caraqueño. Muchos otros de los líderes militares de la independencia neogranadina eran venezolanos (por ej. Sucre, Anzoátegui, el lancero Rondón, Flores, etc.) y la mayoría de la tropa. Después de la separación en 1830, la relación siguió siendo estrecha. Andrés Bello y Manuel Carreño (el de la “Urbani- dad…”), dos íconos culturales de la Colombia del siglo XIX, eran venezolanos. Durante las guerras civiles en ambos países, los líderes se refugiaban y abastecían en el vecino. Juan Vicente Gómez, el legendario dictador depuesto en 1935, tenía madre colombiana y abundantes propiedades en Norte de Santander. Los dictadores Rojas Pinilla y Pérez Jiménez se apoyaron mutuamente intercambiando la soberanía de Los Monjes. Carlos Andrés Pérez y Herrera Campins eran también afines a Colombia por vínculos familiares. Estas son ilustraciones de la continua interacción colombo-venezolana.

El engranaje económico, cultural y político entre ambos países es una realidad. El destino de los dos está ligado, y en este sentido no se equivocan los chavistas. Colombia tiene unos arraigados valores democráticos que implican un absoluto respeto por las libertades individuales, de expresión y de empresa. El gobierno del PSUV, en cambio, no respeta la voluntad popular ni los derechos humanos, castiga la libre expresión y manifestación, y asalta arbitrariamente a individuos y propiedades. El gobierno cubano, que comparte los antivalores del venezolano, está decidido a no perder a su aliado y apoya la opresión a las mayorías venezolanas. Los regímenes actuales de Colombia y Venezuela son incompatibles. Nuestro gobierno no puede asumir que el PSUV es autónomo para tiranizar a nuestro vecino pueblo. El torbellino venezolano envuelve a Colombia; nos es imperativo actuar y buscar allí la restauración efectiva e inmediata de la democracia.

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