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Louis Kleyn

‘Seamos razonables, pidamos lo imposible’

Es dañino para el bienestar colectivo que el desarrollo vital de los ciudadanos deje de ser un compromiso individual para convertirse en una responsabilidad del Estado.

Louis Kleyn
POR:
Louis Kleyn
marzo 12 de 2013
2013-03-12 02:17 a.m.
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En una transmisión televisiva de los bloqueos del paro cafetero, y a propósito de la exigencia del Gobierno de que cesaran los mismos para proseguir con el diálogo, uno de los líderes comentó: “con las Farc se dialoga sin que ellos interrumpan la guerra, con nosotros tendrá entonces que dialogarse con los bloqueos en pie”. La sencilla lógica de este razonamiento no pasó desapercibida y el Gobierno negoció con los bloqueos en pie y, básicamente, satisfizo las solicitudes de los manifestantes, elevando los ya abultados subsidios a la carga cafetera en un 140%.
Mientras tanto, en La Habana, los representantes del Gobierno y de las Farc no solo dialogan, sino que definen aspectos que afectan al país entero. Uno de los grandes problemas de buscar el perdón a quienes han ejercido sistemáticamente la violencia es que premia esta práctica, tan dañina para la convivencia social.

Pero la problemática de los referentes equivocados para el desarrollo social no para allí. A los diálogos con los violentos se suman los ejemplos de todo tipo de individuos y grupos, que sin consideración a la lógica, a la proporción, ni a la capacidad del Estado, demandan privilegios y los obtienen, mediante bloqueos, tutelas u otras argucias judiciales.

Recientemente, una mujer que quería ser hombre obtuvo el derecho a que el régimen subsidiado de salud le pagará la cirugía para implantarle un órgano masculino. Hace menos de dos meses, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca condenó a la Nación a pagarle al constructor civil Mario Huertas $63 mil millones por no haberle sido adjudicada la concesión Bogotá-Girardot, para que reciba la utilidad completa del proyecto sin haber construido ni un metro de carretera. Y hace unas semanas, presenciamos el doloroso espectáculo de los magistrados de las altas cortes, aferrados al autoconcedido privilegio de recibir multimillonarias pensiones, haciendo caso omiso a la ley, y a la equidad y realidad económica, pues nunca hicieron contribuciones significativas para sus pensiones. Contribuciones que tampoco realizó el escaso millón de pensionados que consume más del 20% del Presupuesto Nacional, y que no es pobre.

Entonces, ¿porque no podrían los cafeteros exigir más ayuda del Estado? ¿Quién dice que ya han recibido suficiente? ¿Los magistrados que esperan recibir una pensión de más de $25 millones mensuales? ¿O los cacaoteros y camioneros que desfilaron unos días antes? Se argumenta que la revaluación del peso y los precios internacionales del café son incontrolables por parte del Gobierno colombiano y que tal es la realidad económica.

¿Y esto, por qué no ha sido un argumento para evitar el pago de todos los privilegios antes mencionados?
Los avivatos luchadores, quienes están dispuestos a imponer su voluntad para recibir prerrogativas, que no están ni pueden estar al alcance del total de la sociedad, han tomado como propio el lema inmortalizado en las jornadas de París del 68: “seamos razonables, pidamos lo imposible”. Es antidemocrático y dañino para el bienestar colectivo que el desarrollo vital de los ciudadanos, la obtención de su sustento y el logro de sus aspiraciones económicas dejen de ser un compromiso individual para convertirse en una responsabilidad del Estado, el cual las va asumiendo anárquicamente, sin prioridades, con recursos escasos, sujeto a la capacidad de influencia o poder político de quien las exija.

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