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Manuel José Cárdenas

¿Política industrial?

Los últimos gobiernos han tomado gradualmente conciencia de que la apertura de la economía no es suf

Manuel José Cárdenas
POR:
Manuel José Cárdenas
marzo 29 de 2011
2011-03-29 07:27 a.m.
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Cuando se inició en los años 90 la apertura de la economía, el proceso de desindustrialización del país ya estaba avanzado. Desde 1974 había dejado de ser la industria el sector con mayor participación en el PIB y en esta misma década había disminuido su peso relativo en la generación de puestos de trabajo. El debilitamiento industrial fue consecuencia de varios factores, como una mayor competencia de las importaciones, el deterioro de los términos de intercambio, pero principalmente, al iniciarse la apertura, por la tesis de que la mejor política industrial era no tener ninguna. Al quedar el desarrollo de los sectores productivos en manos del sector privado y no habiéndose producido una profunda reconversión industrial, se profundizó aún más ese proceso de desindustrialización. Grandes sectores del aparato productivo nacional quedaron desarticulados y la productividad decreció en diferentes ramas. Muchas industrias no pudieron subsistir. Puede decirse que ese proceso no tuvo dolientes.
Los últimos gobiernos han tomado gradualmente conciencia de que la apertura de la economía no es suficiente y que se requieren políticas internas activas para mejorar la competitividad, pero a pesar de que ellas significan una revisión a fondo del paradigma anterior, no han sido plenamente satisfactorias por tres deficiencias principales. Primero, han sido diseñadas para una sociedad industrial y no se ha tomado conciencia, como lo he sostenido en el libro que escribí sobre la materia, que ellas no son válidas para la sociedad postindustrial que estamos viviendo, en donde la innovación y el conocimiento deben ser el centro de las mismas. Segundo, han carecido de un marco institucional adecuado y no han contado en los sucesivos planes de desarrollo con una adecuada visión de futuro, para establecer la meta, como lo hizo Chile para convertirse en un país digital en un plazo determinado. Tercero, el éxito de las políticas de competitividad está condicionado a que todos pongan, no sólo el Gobierno, sino también los empresarios. Estos últimos han hecho escasos aportes para mejorar su productividad. Miden el éxito de estas políticas por lo que el Gobierno les dé en términos de ayudas e incentivos. Hay que ser claros en que si ellos no hacen el esfuerzo principal, el apoyo del Gobierno, por importante que sea, será estéril.
El país tiene que tomar conciencia de que estamos cambiando de paradigma. Como lo sostiene Joseph Stiglitz: “hace 100 años pasamos de la agricultura a la manufactura, y la Gran Depresión (1930) es muchas veces vista como un punto de demarcación entre ambos periodos. Ahora nos estamos moviendo de las manufacturas a una economía de servicios, y estas crisis –se refiere a la financiera de 2008– puede ser, nuevamente, un punto de demarcación global. Y esto significa que los países deben prepararse, tener los conocimientos y las capacidades para competir en el mercado global”.
Por eso no debemos hablar de política industrial sino, como lo plantea Danni Rodrik, lo indicado es desarrollar políticas de reestructuración económica o de transformación productiva, sin tener en cuenta si ellas están centradas sólo en el sector industrial o manufacturero tradicional.

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